No se puede comenzar un texto como este con una incógnita. Tampoco desarrollarlo en torno a cuestión alguna. Mucho menos rubricarlo con una pregunta al aire. Porque en el aire estás tú. Lo supe desde ese día en las afueras del tanatorio. Lo sentí en cada golpe amable al hombro que me diste de forma invisible. A mí, y a ese otro puñado de seres queridos que aún te lloran. Sin prisa, teatro, plan u objetivo. Desde entonces, te apareces como quien solías ser. Un conversador distendido de profundidad abismal y sueños brillantes como los cielos que tanto contemplabas. Mientras escribo, engullo el puño en la garganta a nuestra manera habitual. Tragos amargos, fuertes, duros... Que hacen de tripas corazón. Ya que, si está siendo un año duro, que te lo digan a ti. Siento enormes ganas de que el calor dé paso al furioso oleaje que anuncia las inclemencias. Quiero llorarte de forma que mis lágrimas se confundan con la brisa marina desatada. Sin que nadie more alrededor. Como en los v...