Estudiando, una vez más, diferentes enfoques para analizar la problemática existencial a la que está atada la bipolaridad, me he dado cuenta por enésima vez de algo: El trastorno maníaco depresivo es un acordeón que exagera y reduce, respectivamente, los momentos de euforia y las fases depresivas de todo ser humano. Este enfoque inclusivo me aleja momentáneamente de la ira y el odio ante la incomprensión que sufrimos todos aquellos que pisamos las arenas movedizas de la salud mental. Ando soñando de forma recurrente con una temprana época de mi pasado. Los ingredientes son actuales, las emociones del campo onírico también, aunque no así los maltrechos escenarios en ruinas que tratan de ilustrar la decadencia de lo que tanto brilló. Y para mí, que he recorrido el modelo de circuito de salud mental varias veces, resulta evidente que todas esas pesadillas y sueños vívidos no son más que la punta de un iceberg enorme, profundo y significativo. Se trata del punto de no retorno....