Hace poco más de un año nos reunimos, querido lector, para divagar un poquito en torno a un ensayo titulado ‘Construyendo el mundo’. En él, creamos una danza en torno a algunos personajes y escenarios de Leyendas de Animalia. Transcurrido algún tiempo, siento la necesidad de empapar nuevamente de tinta sedante la pluma de la retrospectiva. Amparado por la hoguera de las fases más bajas del estado de ánimo, su crepitar me conduce indefectiblemente a un lugar ya conocido por muchos lectores. Se trata de El Ternero. Cuando nació el proyecto de estas leyendas, los focos apuntaron con gran fuerza a Villa Bigotes. Lugar en el que conviven unos seres que, pese a tomarse muy en serio sus nobles objetivos, no dejan de dar con situaciones tan hilarantes como desternillantes. El Ternero también dispone de un riego constante de humor, para que engañarnos. Sin embargo, creo que el ronroneo de la musa felina que acompaña a mi teclear apunta indefectiblemente a que, en este bloqu...