"Se muy bien que desde este bar yo no puedo llegar donde estás tú" La vida terrenal. Tan carente hoy en día de sentido. Un significado esquivo que hace que la mayoría de nosotros desperdiciemos buena parte de nuestro tiempo nadando, sobreviviendo a las corrientes. Pero un buen día uno se para. Mira al cielo. A los que se fueron, a los que no están, a los que están por llegar. O a lo que está por llegar. Tanto da, pues las lágrimas afloran leales a la causa. La certeza de la desolación es algo a lo que no todos se enfrentan. Yo lo llevo haciendo como principal política de vida desde que prácticamente tengo recuerdos. Recuerdos teñidos de pérdida y garabateados con las muertes de seres queridos. ¿Y sabéis qué? No siento que nadie se haya ido. No siento que lo peor esté por llegar. Bien es cierto que un puño en la garganta hace que escriba apartado del teclado para no salpicarlo de llanto. Pero también lo es la sonrisa ...