Recuerdo cuando mi padre me llevó, apenas rondando los diez años, a un pequeño cine a ver, en su flamante sala 1, el estreno de Parque Jurásico. Veníamos de urgencias, pues el gato de mi abuela no andaba muy fino y me acababa de destrozar la pierna usándome de rascador para su impulsividad. Aunque, una vez la magia de Spielberg llenó la pantalla de temibles depredadores, rápidamente todo quedó en anécdota. Hoy no están ni mi abuela, ni aquel gato, ni el cine. Pero lo que si está es el espíritu de aventura de aquella pareja padre hijo que acudió al cine en clara búsqueda de una experiencia bien emocionante. Con el tiempo salieron a la luz las técnicas empleadas en el film. Mediante habilidades de lo más artesanales, me impactaba sobremanera cómo se había logrado una inmersión total en la trama por parte del espectador. Técnicas que venían cociéndose a fuego lento en películas de todo tipo y género, pero dando en la aventura y la fantasía su más valioso bastión. Willow...