lunes, 19 de octubre de 2020

Reseña de 'El Símil: Día del lector' (Óscar Millán Vivancos)

 



NOTA DEL AUTOR



Los principios de aquello que realmente vale la pena suelen ser duros.

Focalizando en la práctica de la escritura, no se muy bien si generalizar es pertinente. Tras una década al pie del teclado, encañonando mis escritos y novelas en múltiples direcciones, hay algo que me queda claro.

Se trata de algo común a la blogosfera y a la publicación de una obra. Incluso al tímido papel escrito a mano que se entrega a su destinatario.

Hablo de la magia que se genera cuando un lector lee con tanto mimo que sientes que todo el proceso ha merecido la pena.

 

Así me ha dejado Óscar tras la lectura de su reseña.

Sufrir en vida puede hacerte sangrar literatura. Pero tranquilos, hay veces que alguien acude para secar muchas de las lágrimas.





RESEÑA DE EL SÍMIL: DÍA DEL LECTOR


por Óscar Millán Vivancos




"El símil" de Víctor Fernández García es una obra compuesta tanto por una novela de fantasía (o varias...) como por una serie de ensayos (presentados en negativo: letra blanca sobre fondo negro) que se van combinando habilidosamente después de cada capítulo, a modo de símil complementario. Aporta en ellos valiosísima información en el terreno de la psicología psiquiátrica.

Cabe mencionar, por otra parte que, como suele ocurrir en sus libros, su texto va combinado con un diseño, maquetación e ilustraciones de su compañera, Vlad Strange, que hacen más amena aún su lectura, alto diseño, como los poemarios comerciales que tanto éxito están teniendo entre las más jóvenes.
Como en la canción aquella de Sabina del pirata cojo, parece que Víctor, echando mano del cine actual, se ha decidido a vivir muchas vidas, o generosamente, proporcionar ese placer a sus personajes. Así, de un capítulo a otro cambia la ambientación, pero el hilo argumental profundo y los personajes los conocemos.

Acudió a mi conciencia hace un par de  días el término "narrativa experimental", recordé las extrañas e impresionantes novelas de J. M. Guelbenzu que devoraba en mi adolescencia, aunque lejos de lo rebuscado y el rococó vanguardista, no hay surrealismo aquí, sino lectura muy accesible, que recuerda, aparte del cine, al mundo de los cómics y hasta de los videojuegos. 
En eso se percibe la generación aproximada del autor, milenial y hasta casi generación Z. 
Ahora bien, se adivina su culto a la escritura, y su afán de comunicar. 
Víctor F. G. es como un libro abierto dentro de otro libro abierto. Ese es mi símil.



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lunes, 5 de octubre de 2020

Reseña de 'La Taberna: Una libreta para el recuerdo' (Óscar Millán Vivancos)




 

RESEÑA DE 'LA TABERNA: UNA LIBRETA PARA EL RECUERDO'

por Óscar Millán Vivancos


NOTA DEL AUTOR


Óscar Millán, a parte de ser lo que considero todo un maestro en hacer que un texto resulte cálido y cercano, es también un buen amigo y sabio compañero. Por ello, todas y cada una de las palabras con las que ha enarbolado su reseña de mi Taberna adquieren mucho valor y fuerza. 

Desde lo destacado hasta lo aconsejado.

Gracias Óscar.

 





 

"La taberna", de Víctor Fernández García, es un libro muy bello. 

Se trata de la segunda entrega de la saga "Identidad", del mencionado autor, y es un libro que va intercalando escenas novelizadas posiblemente de su propia vida cotidiana, con los escritos de un cuaderno en el que más que un diario se leen reflexiones positivas, de superación personal, acerca de unos caminos que el escritor va recorriendo una y otra vez. Así, nos va describiendo sus conclusiones acerca de sus espacios más transitados: la enfermedad mental y la resistencia al consumo de alcohol. 

Ahora bien: curiosamente, su escritura engancha, y ayudado por el diseño ameno del volumen, por momentos vas avanzando rápidamente por sus páginas. 

La parte novelizada puede hace pensar en el mundo de las ideas, del viejo Platón. La parte íntima, de las reflexiones del autor sobre sus propias experiencias de conciencia, parecen escritas para sí mismo, por lo que, como lector, le deseo que no las olvide una vez publicadas, que vuelva a ellas de vez en cuando, por todo lo que ahí expresa, para abrazarse a sí mismo, aunque como escritor se proyecte algo más lejos, gracias a sus sanas ambiciones.




Para leer más reseñas clicka aquí

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sábado, 12 de septiembre de 2020

Mis reseñas | Interzone: Tenshi kids vs the dark (Vlad Strange)

 



No resulta complicado encontrar en nuestros días libros juveniles de fantasía.

Desde sagas archiconocidas a pequeñas aventuras, desde bestsellers apabullantes a pequeños grandes mundos.

¿Qué marca la diferencia en este género tan manido?

Aquí, cada uno, podrá decir la suya.

En mi caso no dudaría en señalar, lejos de los personajes o la imaginaria global, a la misma alma de la historia.

 

Cuando hace meses aterrizó esta novela en mis manos, básicamente leí su sinopsis y traté de dejar la lectura a épocas más benignas para mi mente que la que me ocupaba.

No me arrepiento en absoluto de ello.

Devorado en un solo día, este libro va a perdurar en mi memoria. Pero, lo más importante, va a morar en mi interior por la caricia que ha logrado brindarle.

 

‘Interzone: Tenshi kids vs the dark’ presenta una historia que claramente me queda marcada en tres fases. Tres grandes bloques que no voy a destripar por el bien del lector ávido de hacerse con esta obra. Baste decir, en todo caso, que de un suspense agónico pasaremos a deleitarnos de preciosos sentimientos y, de ahí, a un tramo final que nos mantendrá pegados a las páginas fruto de una tensión magistralmente conducida.

 

Quiero hablar un poco de esos sentimientos tan bonitos con los que me he topado. Sin duda alguna los calificaría como motor de la obra. Como el pálpito que todo arte literario requiere para acompasar su transcurrir.

Vlad Strange puede presumir de haber creado a unos personajes con mucho fondo. No es tarea sencilla dotar de personalidad y emociones cuando el escenario a recrear se antoja tan amplio y ambicioso como al que apunta en todo momento la autora. 

Por eso el ritmo paulatino y mecido con el que esta obra peina los momentos más cálidos y delicados me ha parecido sublime.

Sin caer en el romance estereotipado que, en los tiempos que corren, parece garantizar éxito inmediato, se opta por usar recursos llenos de fantasía que no harán más que hacernos desear saber, siempre, un poquito más.

 

Eso es algo que puedo extender a la totalidad de la obra.

Párrafo a párrafo, capítulo a capítulo, la inercia de la trama no nos dejará huérfanos ni por un segundo. Más bien al contrario, pues más de un breve descanso he tomado para saborear el recuerdo de las escenas descritas con tanta maestría. Para paladear ese punto de incertidumbre y emocionante intriga.

 

Cada uno tiene sus creencias.

Cuanto menos, sus deseos e ideales.

Si movemos nuestra vista un poco alrededor, es fácil darse cuenta de que el mundo va de mal en peor. No se si se trata del Fin del Tiempo porque, básicamente, mis armas no pasan del campo onírico y un puñado de habilidades que no pueden demostrar ni siquiera su propia existencia.

Pero he experimentado, durante un día estupendo, como alguien como Vlad Strange concibe un punto de vista tan esperanzador como preocupante. Tan cercano como imposible. 

 

Muchos lectores acuden a obras de fantasía con una venda en los ojos y el corazón abierto.

Me alegro enormemente de haberme cruzado con esta lectura por el camino, pues así lo he hecho yo con Interzone.

La caricia de su recuerdo, como he dicho antes, es algo que ya siempre me arrancará una sonrisa.





Enlace de compra de Interzone: Tenshi kids vs the dark

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lunes, 31 de agosto de 2020

Mis reseñas: Alas de barro (Óscar Millán Vivancos)

 




Hay un autor en concreto que logra perturbarme con sus mundos de fantasía cargados de romance realista.

Para la mente curiosa no tengo problemas en revelar su nombre: Christopher Priest.

 

¿Por qué comienzo así esta reseña?

Bien, resulta que guardo en mis recuerdos, con especial cariño, una historia de auténtica locura que se enarbola en torno a ese amor utópico que tantos persiguen.

Perteneciente al libro ‘La afirmación’, dicha historia, abarcando mucho más, peina a la perfección lo peligroso que puede resultar lo utópico.

 

Pero ahora vamos con ‘Alas de Barro’.

Esta historia breve nos va a enseñar, y de ahí mi pequeña introducción, el inmenso valor con el que, en ocasiones, es premiada la mayor valentía. Y no me refiero a acudir rifle en mano a una guerra. De hecho, ni en las líneas de Óscar ni en mi reseña vais a dar con atisbo bélico alguno.

Vais a dar, de un modo progresivo, sutil, delicado, sugerente y bellísimo, con lo que podría considerarse una vida entera.

Así de simple, así de complicado.

 

En ocasiones se nos enturbia la mente con el sueño de turno. Ya sea el americano o el europeo, caemos en el grave error de caer en la maquinaria que trata de mover al mundo. Y digo trata, precisamente, porque siempre quedan un puñado de héroes capaces de dar con el verdadero oro de esta vida: El amor.

Óscar, el autor de esta historia, no va a dar ninguna clase desde ningún altar elevado. Nos va a meter, de tú a tú, en la piel de un par de jóvenes que van a construir algo tan inmortal y eterno como la misma esencia de lo que sienten.

Un regalo que va a sernos entregado envuelto de parajes abandonados, alejados de cualquier tipo de bullicio más allá que el de la pasión al lado de un puñado de castañas tan calientes como el chocolate que las acompaña.

 

Uno no debería sentir ni envidia ni impaciencia, ni melancolía ni nostalgia, al leer esta experiencia de vida en forma de valiosa lección.

Basta con saborear la delicada y cercana escritura de su autor, como quién contempla una bandada de pájaros en un atardecer otoñal.

Quién sabe. Quizá sus alas también estén hechas de barro.

Quizá el secreto para volar sea el reinventarse día a día, con brújula clara, pero amando con total naturalidad y espontaneidad.

 

Aunque todo nuestro amor tan solo sirva para encender una vela en la inmensa oscuridad.

Aunque las sombras acechen desde todos los ángulos a esa llamita.

El mero hecho de haberla hecho brillar ya habrá significado haber vivido. 

Y de qué manera.






Haz click aquí para leer la reseña completa de 'Sucesos Dispersos'

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domingo, 9 de agosto de 2020

Mis reseñas: Sucesos Dispersos (Óscar Millán Vivancos)

 MIS RESEÑAS


Sucesos Dispersos

por Óscar Millán Vivancos


La solución para enfrentarse a la actual prisa es tornar en miniatura el proceso creativo.

Adoptando esta punzante frase con la que se nos presenta ‘Sucesos Dispersos’ de Óscar Millán Vivancos, he decidido reseñarla en tiempo real. 

¿Cómo? Reseñas en miniatura, claro está.

Hay algo en la escritura de Óscar que te empuja a no perder detalle y explorar los claroscuros que ocultan hasta los rincones más recónditos de sus historias.

 

Teniendo en cuenta los años que llevo a mis espaldas tecleando en Relatos del País de Nunca Jamás, toparme con este libro en el camino resulta poco menos que un manjar.

 

 



NEREA NO SONRÍE

 

En este relato Nerea nos conduce de primera mano a su interior. En él se está gestando algo que parece trastocar a la joven. En una magnífica parábola de decadencia, posará su mirada en las miserias de su mundo pasado, presente y supuestamente futuro.

Agarrada a un atisbo de esperanza, su discurso atenazará el corazón del lector. 

Una cruda realidad presentada en un bonito envoltorio de cercanía.

 

 

UNA DOCENA DE HUECOS

 

En esta ocasión el relato adopta un tono de lo más amable y simpático, sin perder un ápice la cercanía con el lector.

Uno empatiza con el narrador, y se deja llevar por una historia quizá predecible, pero desde luego llena del encanto de la inocencia.

 

 

EL MÁS SATISFECHO DE LOS HUÉSPEDES

 

Es de agradecer un texto tan repleto de ternura en los tiempos que corren.

Hubo unos años en los que viví en una zona costera de Catalunya, y puedo afirmar sin dudar que el relato que nos ocupa me ha tocado la fibra.

Conducidas con sutil delicadeza, las aventuras de este personaje resultan, sin ser revolucionarias, de lo más amenas.

 


EL PUNKY

 

La amistad puede cimentarse sobre infinitud de aspectos.

Asistimos aquí a la conjunción de algunos de ellos.

A lo largo del relato más largo hasta la fecha en este libro, asistiremos como invitado invisible de un “colegueo” que pasará de camaradería a algo más.

Pero no veremos solo eso.

Un ameno repaso, coloquio y debate en torno al nacimiento de un movimiento cultural usará como muletas un sinfín de interesantes referencias musicales.

Mediante un interesante in-crescendo, nos veremos transportados por diferentes encuentros hasta poder experimentar un gran clímax final.

 

 

EL ADIÓS DE NEKANE

 

Resulta impresionante cómo se puede enarbolar en tan pocas páginas un compendio de emociones como el que presenta este relato.

De una tragedia se genera una ola de conspiraciones que abarcarán presente y pasado de un grupo de amigos poetas.

Personalmente, he sentido tan de cerca a los personajes, que uno se queda con ganas de regresar junto a ellos. Regresar, sí. Porque durante un breve lapso de tiempo, he formado parte de esa pandilla cuyas aguas en calma se han visto asaltadas por las turbulencias de un mundo, en ocasiones, bien feo.

 

 

IRINA, TATIANA Y LA OMNICORRUPCIÓN

 

Un jarro de agua fría no tiene por qué resultar algo negativo.

Sirve para despertar.

Así pues, tras un arranque de novela con relatos bien cercanos, salta a escena, absorbiendo gran parte de los focos, la cara mala de un mundo que fue y, lamentablemente, sigue siendo.

Sueños bien cimentados sobre recuerdos llenos de vida saltarán por los aires, mientras se desmenuzan aspectos de la realidad tan turbios que amenazan con pudrir el conjunto.


 

IDEAS OPUESTAS

 

Un relato que hace total justicia a su título.

Un choque frontal en torno a un tema de discordia arraiga en la mente conservadora del personaje protagonista.

El avance por la senda que tomará su psique puede extenderse fácilmente a muchos temas de debate habidos y por haber.

No todo es blanco o negro en esta vida.


 

DUENDECILLOS NAVIDEÑOS

 

Cualquiera que me conozca sabrá de mi debilidad por las fechas navideñas.

En ellas nací, de hecho. Concretamente el día de los santos inocentes, de modo que se podría decir que soy toda una inocentada.

Introduzco de este verídico modo para tratar de hacer justicia a la consigna de este magnífico relato: Hay que saber reírse de todo un poco.

Aunque no se queda simplemente ahí.

Temas como la infancia, perdida para algunos y eterna para otros, los encuentros fortuitos e incluso los misterios cargados de buena energía se dan la mano en estas pocas páginas cargadas de magia.

De nuevo con un estilo de lo más cercano, no nos quedará otra que sorprendernos con una sonrisa en el rostro al concluir esta lectura.


 

LA CHICA DE LA CAFETERÍA JUNTO AL MAR

 

En ocasiones los lugares más pasajeros conciben las relaciones más profundas.

Este relato nos permite experimentar, de primera mano, la gestación de algo a caballo entre la amistad y el romance.

Cómo no, en esa primera edad adulta que dota del plus del misterio a todas las emociones que se van a vivir. Y las viviremos, una a una, hasta comprender que, en ocasiones, parece que existe el destino. Que éste, junto a sus designios, nos mueven por un mapa de casualidades con un único fin: Enriquecer el conjunto a partir de elementos afines.

Con el mar al atardecer como telón de fondo, melancolía y nostalgia; optimismo y esperanza, dibujarán un oleaje de emociones que cada uno deberá saber navegar.




NO QUIERO SER UNA DEMENTE MÁS


 

Apenas un par de páginas para introducir la locura.

¿Es eso posible?

Cada lector dictaminará, seguramente haciendo uso de su holgada o cercana experiencia con dicho concepto.

Este relato, más que insertarnos dentro de una mente de potencial desequilibrio, nos pone a su lado, suspirando por un ápice de comprensión. Por un atisbo de compañía.

Y vaya si lo consigue. Peinando los aspectos más turbios como los terrores, la autodestrucción y una ira que se torna violenta.

No será difícil descubrirnos con los pelos de punta tras la lectura.

 

 


INFLUENCIAS


 

Si el relato titulado “El Punky” nos acercaba a una rica fuente de conocimiento musical, en esta ocasión “Influencias” hará lo propio con lo cinéfilo.

Sin embargo, lo hará desde una perspectiva de lo más íntima.

Mediante las reflexiones silenciosas de nuestro protagonista, podremos trazar un primer perfil psicológico de éste a partir de la interesante lista de referencias que sacará a flote.

Cierta melancolía y mucho romance se darán la mano para disfrute del lector.

 


 

EL NUEVO AMIGO



Este relato efectúa una parábola de lo más interesante.

Removiendo su propio planteamiento inicial, dará la vuelta a varias tortillas antes de encontrar su final.

¿Cuántas veces caemos víctimas de nuestros propios prejuicios?

La respuesta a esta pregunta puede hacer que, como lectores, nos llevemos una lección o corroboremos nuestros hábitos como más que válidos. Sanos. Como la amistad que nace en un relato plagado de sombras. 

Como en la misma vida.




RECUDERDOS DEL RÍO CHELO


 

La infancia es una época turbulenta en la que algunos tienen más suerte que otros.

Por mi parte, y creo hablar por la de todos, los recuerdos son algo a atesorar con todo el cariño del mundo.

Eso es algo que hace a la perfección Óscar en este pequeño relato lleno de nostalgia.

Una nostalgia sana, en la cual un río de La Coruña hace las veces de protagonista junto a una familia a la, una vez más, sentiremos casi tan cercana como la nuestra propia.

 


 

NADÁNDOTE


 

Dulce como un terrón de azúcar.

Es lo primero que se me viene a la cabeza tras saborear esta pequeña historia llena de una deliciosa fantasía.

Rebosante de simpatía, nos dejaremos llevar por las divagaciones de la pareja protagonista, que con su imaginativa nos harán volar lejos, muy lejos, de los grises de este mundo tan realista en ocasiones.

 


 

ELLOS ME ACEPTARON


 

“No nos habían preparado para esto”.

Una frase que se repite en el relato más longevo de cuantos llevo leídos.

Un relato que me hiere y me acaricia a partes iguales, desde distintos enfoques.

El primer enfoque se yergue sobre lo autobiográfico de lo narrado. En plena crisis económica, acompañar a Óscar por lo miserable de una experiencia dolorosa resulta desalentador.

El segundo enfoque gira en torno al término discapacitado.

Yo lo soy, y así me siento desde hace algunos años.

Quizá en otras ocasiones me sienta tan poco identificado con esa etiqueta, que mis actos desorbitados me conduzcan más que nunca a ella.

El caso es que, por partida doble, este relato me toca tan de cerca que he tenido que inspirar profundamente, y varias veces, durante su lectura.

 

La caricia viene por la lección de vida que se llevó Óscar al inscribirse en un simple curso de informática.

Una parte de mí empatiza totalmente con el sabor de su experiencia.

La integración, la sanación mediante camaradería.

Todo ello regado por el buen hacer como escritor del autor.

En un mapa a priori caótico por la cantidad de información a hilvanar, lo cierto es que uno en ningún momento se siente perdido. Todo lo contrario. Nos vemos acompañados por la pluma de Óscar hasta comprender que, en esta vida, cuando todo se pone feo, no queda otra que actuar. Con mayor o menor inteligencia, con mejor o peor suerte, hay que moverse. Y, ya puestos, mejor hacerlo con una actitud, sino optimista, cuanto menos positiva.

 

Personalmente, mi pasado en los estudios de ingeniería informática me duele.

Mi pasado en centros de integración para discapacitados me hace hervir la sangre.

La miseria de la crisis, que actualmente parece estar reestructurando sus tropas, lanza un eco fúnebre a la melodía de mis días.

Y todo ello castiga mi sueño por las noches.

 

La literatura, creo, debe servir para esto.

Para sacudirte por dentro.

Este relato de casi treinta páginas lo ha hecho conmigo, y de qué forma.

Hubo una vez que comprendí mi situación y decidí entregarme a una recuperación sin recelos. Creo que pocas veces más se me ha visto tirarme a la piscina de la salud mental de ese modo. ¿Y sabéis? Aún tengo buenísimas amistades conservadas de aquello. De sentirme protegido e integrado. De sentirme, en lo más hondo de mi ser, más lejos que cerca de mi final. De sonreír, aunque solo sea un poco, con total sinceridad.

 

Debo agradecer profundamente a Óscar tan valioso recordatorio.

 

 


APÁTRIDAS DEL PRESENTE


 

Un mazazo sobre el lienzo en blanco que nos otorga el papel en la escritura.

Así de escueta y contundente es mi conclusión sobre este relato.

Hay desesperación en él. Hay sueños de un pasado mejor. Hay hipocresía a raudales.

Pero prevalece en mi mente la sensación de un fuerte golpe sobre la mesa.

Como si llevase implícito un grito de ¡Basta ya! 

 

 

Este es el último de los micro relatos de ‘Sucesos dispersos’.

Le sigue todo un bloque de lo que llamaré nano relatos.

Puesto que son bien cortitos, los reseñaré en bloque tras finalizar su lectura. Quizá incluso relectura.

Algo tiene este libro.

Algo tan especial que, creo, me da a dar una gran pena acercarme a su final.





BLOQUE DE NANORELATOS

 

 

Titulada Micro-Micro Relatos, me alegro de haber leído del tirón esta sección de los ‘Sucesos Dispersos’ de Óscar. Porque el vaivén de emociones, sin ser una montaña rusa, es de aúpa. 

Tanto da que la mente del autor se posase en un absurdo fantasioso o en una base autobiográfica, pues el abanico entre medias resulta tan rico como extenso.

 

No resulta sencillo orquestar en un puñado de líneas una trama que golpee certeramente al lector.

Pues bien, de mi experiencia no borraría ni uno solo de estos nanorelatos.

 

El único pero que encuentro es el componente amargo de la finalización de la lectura de este bloque. Por suerte, del trago que supone, quedan en nuestra memoria matices dulces, duros, terroríficos, jocosos, tiernos…

¡Otra ronda, por favor!




Finalmente mi reseña concluye con la historia breve 'Alas de barro'.

Simplemente diré que, tanto me ha gustado, que le he hecho una reseña independiente.

Podéis leer, clickando aquí, mis impresiones sobre dicho relato.


 

Dejo el booktrailer de la novela así como un enlace de compra, por si a alguien le ha llamado la atención esta pequeña joya de Óscar.

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domingo, 28 de junio de 2020

A un centímetro




Hoy mi gata me ha pegado un buen susto.
Chihiro, ducha en supervivencia, ha sufrido un fallo en su organismo. Una simple anomalía, que bien podía significar algo grave o un mero trámite vital.
Lejos de entrar en detalles, simplemente dejaré constancia del riego de lágrimas que me ha ido asaltando hasta este mismo momento en el que tecleo.

No se si resultará algo de conocimiento popular, pero en la negrura de un túnel que se afanaba en excavar, un símbolo se me ha aparecido en el horizonte.
No se trataba de algo demasiado excelso. No era en absoluto una escapatoria de garantías.
Pero en mi mente, se me antojó cálido y cercano. Sincero y humilde. Directo. Amable.
Y eso que al llegar no estaban el Capitán y su Sirena.
Sin embargo, la estela de estos dos jóvenes emprendedores deja su sello.
En poco tiempo las primeras de muchas risas se encadenaban.
Un rato agradable en el que las horas caen en un pozo de tiempo, en un agujero de relativo pesar, que poco a poco escala a cotas de franco júbilo.

Hace tiempo que invoco al Capitán.
Consciente de su valor humano, trato de contactar y establecer conexión.
Su Sirena inspira y castiga.
Me evoca ganas de escribir estas líneas y me castiga con algo que ignoro.

Quizá sea un simple centímetro.
Lo que separa la amistad de la lealtad.

Quizá ande triste por el susto felino.
No sé.
Suspiro… Esa cueva otrora antro me inspira ternura.
Su Capitán y la Sirena encabezan una tripulación en clara dirección norte. A esos inviernos fríos, aunque bien llevados, reales pero combatidos.
En los tiempos que nos toca vivir, tan lejanos a los jóvenes años de verano y playa, no albergo duda alguna de que quiero enrolarme en su tripulación.

Lealtad y cariño. Aprecio.
Apenas un centímetro nos separa.
En un mundo de distancias relativas puede ser un mundo.
En un mundo donde en un segundo se pierde tanto… Quizá no sea nada.
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viernes, 24 de abril de 2020

Ráfaga al aire por El Proven






No hace mucho tiempo,
Quizá demasiado,
Unos cuatro años atrás,
Me topé con una generosa cola,
A las puertas de un bar.



Las raíces del Proven fueron cerveza barata y mucho rock’n’roll.
También lo fueron juegos de rol, apuesta firme por la literatura y la música en directo.
Pero diría que su sello más característico fue el trato al cliente.
Cercano y sincero.
Duro y realista.

Camaradería esculpida en tierna seriedad.

Allí conocí a algunos de mis actuales amigos.
Una época en la que mi vivienda, ubicada en la mismísima Boca del Infierno, no auguraba la feroz y cruel escalada que habría de vivir. Que habríamos de vivir.


Este es un texto lacrimógeno por mi parte.

Pero también me hace sonreír.
Cuán buena fue la apuesta de un camarero solitario que, de ella, manó una de las mejores épocas de mi vida.
Recuerdo a los miembros de las raíces del Proven como si de una parte de mi familia se tratasen.
La más valiosa de las juventudes, la de espíritu, se alió con el alma de la novedad.
Como viejos que salen al patio como niños, el latido acompasado por los bajos y las guitarras de las nuevas experiencias fue debidamente percutido por su capitán, esa persona que tanta luz es capaz de generar y tan poca logra atesorar para sí.


Su idea le generó tanta adherencia como detractor.
Pero brilló, vaya si brilló, en un estallido de fuegos artificiales por años.

¿Por qué no podemos regresar a eso?
En un mundo que aboga por la reinvención constante, los viejos valores parecen un chiste mal formulado.

Pero yo quiero a los míos.

Allí dejaron su esencia personas tan especiales, tan profundas, que siento el peso del ancla de su recuerdo con sumo cariño.

Las raíces del Proven quizá no crezcan a la velocidad esperada.
Pero, más que estar seguro, deseo de todo corazón que alcancen el rol de árbol añejo.

Por el bien de la cultura, de las balas perdidas que acudimos allí como a un oasis del desierto.
Por el bien de las risas y la camaradería, de la reflexión y el amparo ante la lenta guadaña.

Encerrados en casa como estamos, solo nos queda construir en equilibrio con nuestros pasado y futuro.

En este impás pseudo romántico, positivo y depresivo, miro al inicio de mi escrito, tratando de extrapolarlo al futuro con máxima ilusión.




No hace mucho tiempo,
Quizá demasiado,
Unos cuatro años atrás,
Me topé con una generosa cola,
A las puertas de un bar.





No hay tumbas frente a mí, ni flores en su lápida.

Un chispazo recorre el núcleo de mi mirada enfocada en el futuro.

Las llamaradas que visualizo nada tienen que ver con el fin de lo conocido.
Una vez las raíces del Proven significaron abrazos bajo el calor de la música.

Cercanía respetuosa.
Lágrimas vistas, risas escuchadas.
Vida. Vida inhalada con profundidad.

Quiero que las pequeñas grandes cosas vuelvan.


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miércoles, 18 de marzo de 2020

El reflejo del susurro musical: Que tinguem sort





EL REFLEJO DEL SUSURRO MUSICAL


QUE TINGUEM SORT





Si me dices adiós, quiero que el día sea limpio y claro


Tiempos de guerra.
Acostumbrados a enemigos habituales y riñas que rozan el tedio de la cotidianidad, resulta extraño que la guadaña más temida se disfrace con aparente invisibilidad. Pues si bien la forma del verdadero rival se revela mediante equipos microscópicos, sus consecuencias establecen la urgencia y ansiedad que nos ocupan.
Ahí donde más oxígeno hace falta, el virus ahoga.
Ahí donde más luz en forma de experiencia se arroja, el virus apaga.




Si me dices te quiero, que el sol haga el día mucho más largo

A veces parece que tener un nudo en la garganta sea síntoma de tontería personal.
El gran sistema que nos mueve no tiene piedad ante atisbos de llanto que puedan conducir a ríos de lágrimas.
La falsa seguridad de la rutina que se agarra al mañana.
La encerrona a la que nos conducen nuestros sentimientos es clara: Impotencia ante la incertidumbre. 
Se trata de un escenario que juega a la ruleta rusa con la frialdad, casi, de lo aleatorio.
¿Estarán ahí mañana las personas a las que quiero?




Que tengamos suerte, que encontremos todo lo que nos faltó ayer

Todo ser vivo ha experimentado la noche.
No me refiero al precioso manto de estrellas en el que la luna avive el calor de nuestros mejores sueños.
La noche terrible y fría es aquella que se esconde tras una cruel metáfora. 
Son los días y semanas, los meses y años e incluso las vidas enteras que se viven en vana esperanza, condenadas a un sinsentido que hace mella en alma y corazón.



Que mañana faltará el fruto de cada paso


Asaltados, vemos como el tiempo que nos robamos y se nos roba, nos apremia a contemplar el abismo antes de lo debido.
Es la antítesis de la juventud, esa época donde una cerilla es capaz de alumbrar inconmensurables espacios de oscuridad.
El dulce al que, con el tiempo, se le saborea lo amargo.
La derrota de familias unidas que, más que nunca, añaden a los añejos conflictos la gasolina del distanciamiento.




Por eso, pese a la niebla, se debe caminar


Aunque escuezan los ojos de tanto tratar vislumbrar el horizonte…
Aunque los pies sangren por heridas que tumben el ímpetu a cada paso...
Mirada limpia y paso sincero.
Por el pasado, por esos buenos momentos que debemos atesorar para inmortalizarlos ante cualquier tormenta que ansíe borrar su huella.
En el presente, en el cual pese al silencio de una sala de máquinas mundial moribunda, aún persiste la música nacida de los sentimientos.
Hacia el futuro, porque amanecerá un nuevo día, quizá no con todos los que debiéramos estar… Pero sí con los lazos inmortales de aquello que más nos honra: Las emociones que nos despiertan aquellos a los que más amamos.




Una vez soñé con un País de Nunca Jamás frondoso y eterno.
Pese a que se me escurre entre los dedos, quizá todo radique en sentir su flujo.
Equilibrado y puro, venido del mismo manantial de vida del que todo emerge.

Que nos toque a todos.
Que tinguem sort.


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jueves, 2 de enero de 2020

El llanto vikingo






El llanto vikingo.
Decían que no había nada peor para ellos que escuchar el lamento en forma de cascada de lágrimas de sus cónyuges, en el mismo instante en el que la guadaña segaba sus vidas.

Pues bien, no es que ninguna guadaña esté segando mi existencia más que la de mi propio suicidio. No es que con especial intensidad nada me esté recordando la miseria de este sinvivir.
Es simplemente que todo sigue igual.
Igual de mal.

Esta carta abierta no va para los novatos en la materia.
Esos a los que he torturado en un ridículo extendido. En un vano intento por rugir, como un tigre enjaulado al que tras años de sufrir heridas mortales decide contraatacar. En un vano intento por alcanzar el hogar, como un elefante cuya hija quedó huérfana en tierras hostiles y se ha visto obligado a hacer piruetas para las masas. En un vano intento por defender a figuras de todos los ámbitos, jokers y superhéroes, aislados sci-fi y condenados vampíricos.

Todo ello desde la manía bipolar.
Desde la cúspide maníaco depresiva.

Dicen algunos -los que más me conocen-, que no tengo perdón. 
Que es algo más que voluntario.

¿Qué sabrán?

¿Auguran acaso el hecho de que pagaría miles de mis futuras vidas por hipotecar lo que resta de esta en volarle la cabeza a cualquier hijo de puta?
Porque así es.
Si a cada enfermo mental nos entregasen una sola arma con un disparo, el mundo sería un lugar mejor.
Porque no existe el ser transmutado por el dinero.
No existe lotería que con su maquillaje oculte las llagas de un alma putrefacta.

Años ha yo pensaba en las fiestas navideñas como algo sanador.
Algo blanco como la puta nieve que nunca pisaba mi pueblo.
Algo benigno antónimo a la puta escoria que rodea mis calles cercanas y lejanas.

El grinch me llaman.
Jack Skeleton y Sparrow.
La perla negra eran mis pisos.

Es hora de rugir en un gorgoteo de sangre.
Es hora de mirar al gran y afilado cuchillo como lo que es: Un noble diente de tiburón.
¿Quién ganará la batalla final?

Solo sé que al tigre quieren medicarle.
Solo sé que al rugido lo quieren mermado.
¿Será que le temen?
¿Será que el ser humano no soporta la cercanía de la verdad?
En cualquier caso el tigre ni siquiera tiene ganas ya de vivir.

En el zoo de la vida solo hay espacio para el necio, éxito para el egoísta y reconocimiento para el puerco.

Así no...
Así no..
Así no.

Buenas noches País de Nunca Jamás.
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domingo, 15 de diciembre de 2019

Reseña de 'La Cabaña: El oscuro laberinto de la psicosis' (Oscar Millán Vivancos)





RESEÑA DE 'LA CABAÑA: EL OSCURO LABERINTO DE LA PSICOSIS'

por Oscar Millán Vivancos



Hoy he terminado de leer "La cabaña", de Víctor Fernández. Ahora estoy seguro de que estamos ante un joven gran escritor.
Uno siente que está ante algo nuevo, literariamente hablando. Algo entre la novela fantástica de toda la vida, y el relato urbano underground. Y más.
¿Qué es lo que nos llama enseguida la atención en estas páginas? Los nombres. Ese modo de nombrar no solo a sus personajes, sino a gran parte de los elementos que aparecen en su novela ya nos describen el talento creador, la originalidad y hasta el sentido del humor del autor.
Además tenemos mucha literatura dentro de su literatura, por las múltiples historias, la diversidad de relatos que hábilmente se van engarzando en torno a la narración principal.
Lo más interesante de todo es que el libro en cuestión forma parte de una saga, "Identidad", lo cual ya nos dice que tenemos escritor para rato. ¿Acaso hay una nueva generación que está empujando fuerte? En terrenos poéticos ya hemos visto que sí que está ocurriendo... (Queda claro la simbología intimista y psicológica de esta narrativa).
El libro, además, es una monada, gracias a las valiosísimas aportaciones de Vlad Strange en cuanto al diseño, e incluso en la narrativa en su punto final.
Su lectura es amena, muy agradable. Fue mi primera impresión, y también la última. Produces buenos compañeros. Gracias, Víctor.
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