sábado, 10 de julio de 2021

Reseña de 'La cala: Perdida en la gran ciudad' (Vlad Strange)

 



RESEÑA

LA CALA: PERDIDA EN LA GRAN CIUDAD


por Vlad Strange



INTRODUCCIÓN

 

 

Este quinto volumen de la saga Identidad es duro.

Fue duro de escribir y será duro de leer.

La crudeza y la desesperanza, por fortuna o por desgracia, son factores que habrán de acompañarnos en nuestro periplo vital en una o varias ocasiones.

 

Es algo que bien sabe Vlad.

Y, al igual que me trató en una de las épocas más oscuras de mi vida, ha sabido tratar la lectura de este libro con una delicadeza a la altura de sus ilustraciones.

 



 

 

RESEÑA

 

 

Este libro empieza justo donde termina El Símil II, en Barcelona, con una Rebeldía que parece no recordar su pasado en el multiverso, pero sí con cierto background de sus orígenes en aquel mundo. Algo importante que creará el sentido de toda la novela, es un misterioso libro llamado “La Cala”, de autor anónimo, el cual la ha acompañado desde sus días como pasante de psicología en un centro psiquiátrico. 


La Cala, hablando de la novela en general, vuelve a la estructura de los primeros libros de la saga, siendo tres historias diferentes, o tres libros diferentes, los que se leen a la vez. Por un lado, tenemos la historia central de Rebeldía en Barcelona, por otro está La Cala, donde conoceremos sobre la vida de Tylerskar y Joel en Cap Salou, y, por último, unos panfletos del libro de moda, Perdida en la Gran Ciudad, que consta de siete ensayos sobre el alcoholismo y la bipolaridad. 

Mientras leemos, vemos el paso de un año turbulento para Rebeldía, sumida en una total soledad y agonía, alguien que busca compañía en malas amistades y que realmente no sabe quién es. Y también nos sumergimos en las profundas aguas de la depresión y la psicosis de Joel, quien nos muestra que un lugar paradisiaco puede convertirse en el protagonista de una pesadilla.


Creo que es un libro interesante, sobre todo porque marca una pausa para respirar después de dos libros bastante moviditos, como lo son El Símil I y II. Y es razonable que este sea el más depresivo, a mi parecer, de toda la saga, pues su temática es algo que se va desarrollando desde la aparición de Rebeldía dos entregas atrás y su constante lucha contra el Monstruo, quien aquí toma un papel más escondido, más no secundario. 


Si tuviese que elegir mis partes favoritas del libro serian todos los extractos de La Cala, sobre todo las partes finales, donde las cosas se tuercen y muestran la verdadera cara del tema principal: la depresión bipolar. 


La prosa, como en los últimos libros de Víctor Fernández, es ágil y sin demasiadas complicaciones. Algo que me resulta placentero y fácil de leer. Un gran punto si tomamos en cuenta que el trasfondo es muy profundo y complejo. 


En conclusión, es una excelente novela, como siempre original, tanto en formato, como en historia, y es muy recomendable. Aunque claro, creo que debe leerse en orden, desde La Cabaña, La Taberna, El Símil I y II, y La Cala, de lo contrario sería muy difícil comprender lo que ahí se cuece.




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miércoles, 7 de julio de 2021

Editorial Adarve publica mis Leyendas de Animalia | Ramírez y el volcán

 



LIBRO PUBLICADO POR EDITORIAL ADARVE

Más información en mi web


Los tiempos del origen de la reciente y terrible pandemia que ha barrido tantos aspectos de nuestra vida, así como vidas en sí mismas, nos han dejado en la delicada tesitura de hallarnos ante nosotros mismos.

Quizá más expuestos que nunca.

Para muchos, la situación exigía no solo un extra de concentración y equilibrismo emocional, sino también del hallazgo y la explotación de vías de escape.

Sin embargo, considero que dicha exigencia, esta vez, se ha extrapolado sin estigma alguno a todos y cada uno de nosotros.

Todos hemos tenido que remar contra corriente, apoyándonos en el arte ya sea como muleta o como recurso generador.

Como ocurre con la muerte de las estrellas, de situaciones que nos ponen al límite acontecen gigantescas explosiones portadoras de vida. Una vida que, ha quedado claro, ha acompañado a muchísimos artistas en diferentes facetas.

 

En mi caso, mi periplo como escritor me había tenido muy enfrascado en una saga llamada Identidad. Tanto, que las mieles de sus momentos más claros me desequilibraban el ánimo hasta casi descarrilar, mientras que sus parajes más oscuros me sumían en el lodo de la depresión.

 

No obstante, como he dicho, el estar contra las cuerdas genera brotes de luz tan espontánea como intensa. 

En mi caso, me vino a la mente, más que una historia, un mundo.

Un mundo que poco tardaría en recibir el nombre de Animalia.

Escribir sus primeras páginas enseguida me dejó bien claro que me encontraba ante un soplo de aire fresco. A nivel mental, la auto exigencia como autor se hacía a un lado para que la parte más inocente y gamberra de mí mismo cabalgase a buen ritmo a lomos del teclado de mi imaginación.

Pronto, del elenco de personajes desplegado inicialmente, un grupo se había hecho fuerte. Un núcleo destinado a vivir intensas aventuras que fui dibujando a su alrededor como un pintor adicto al café. Pero sin acelerarme. En todo momento, las difíciles circunstancias que nos ha tocado vivir, actuaban de freno para mis impulsos. De ancla para mi urgencia.

Quizá este hecho arrojó al caldero de ingredientes de la novela un elemento poco usual en mi trayectoria literaria: El humor. Una suerte de comedia impregnaría las páginas de la trama, cosa que me hizo pasar muy buenos momentos en su concepción.

 

De ese modo terminó por fraguarse Ramírez y el volcán, primer volumen de las Leyendas de Animalia y una de las pequeñas creaciones por las que más cariño profeso de cuantas he escrito.

El resto de la historia es como un cuento de hadas, poco menos que un sueño hecho realidad.

Llamar a las puertas de Editorial Adarve y casi sentir el mimo con el que tratan a tu obra es una experiencia de lo más gratificante.

Contar con una pareja como Vlad Strange, que deja al lado su propio teclado para ilustrar esta historia, es algo tan valioso que roza lo mágico. Y es que, boceto a boceto, uno se va dando cuenta de la cantidad de buena energía que se ha llegado a emplear.

 

Una energía que, espero y deseo, se vea encapsulada en cada ejemplar de este libro. Para que cualesquiera que sean mis lectores, puedan emocionarse de variopintas formas, pero siempre sintiendo que una brisa fresca y limpia les acaricia el rostro. Pues ya bastante se ha visto ensombrecido por estos tiempos que, por momentos, parecían eclipsar al mismo sol.







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martes, 29 de junio de 2021

Mis reseñas | El umbral oscuro (Virginia Alba & Miguel Costa)

 



RESEÑA


EL UMBRAL OSCURO

Virginia Alba & Miguel Costa



INTRODUCCIÓN


Son ya un buen puñado de años los que entrelazan mi trayectoria literaria con la de Miguel Costa.

Una suerte de camaradería ha brotado de todo ello.

Por eso, el hecho de abrir una novela suya supone algo así como un regreso a un hogar largo tiempo anhelado.

Una morada que se me presenta en coautoría con quien, hasta hace poco, representaba un misterio para mí al teclado.

 

Tras un agradable prólogo bien conducido, uno se encuentra a las puertas de un umbral ante el que sabe que debe ser precavido.

Apoyándose en lo poético, el arranque nos advierte mediante sólidas pistas de que, en efecto, haremos bien de leer con mimo. 

¿Que por qué disfrutar del terror?

¿Por qué alimentar la parte más oscura de lo que terminaremos por llamar pesadillas?

Supongo que la inquietud ante lo que representa la oscuridad forma parte del ser humano. Debemos indagar en la obligación inherente al caminar que nos ha sido impuesto.

 

La pluma cae en manos de Virginia Alba en primera instancia.

Ya con ‘En el limbo de la locura’ me advierte de un conocimiento que debería perturbarme. Se trata de una demostración poética tan breve como intensa, llevada a cabo en un terreno que conozco, por desgracia, demasiado bien.

 

Me pongo en guardia y no demoro más esta introducción.

Pretendo ir dejando mis impresiones a cada propuesta de esta antología.

Se antoja como un viaje de lo más emocionante, aunque a veces las emociones propongan ciertos tipos de sufrimientos, como he dicho, de obligada indagación. 






LA PUERTA A LA VILLA DEL SEIS




Vivir a escasos kilómetros del lugar en el que se desarrolla la acción de este relato resulta desconcertante. Pero no nos confundamos, Virginia no se limita a recrear de forma hiperrealista cierto entorno.

Son muchos los enfoques con los que uno, como escritor, puede introducir lo que a posteriori va a convertirse en un concierto de horror silencioso. Sin embargo, aquí Virginia emplea una batuta de lo más cálida y familiar, haciéndonos partícipes del grupo de protagonistas, casi hasta el punto de sentirnos parte de él.

Ahí radica el primer tanto que se apunta este relato.

La curiosidad insaciable de Carlos, el tedio de Ana, la caza perenne de Laura o el divertimento de Luís, nos llevarán de la mano hasta el desértico pueblo de La Musara. 

En mi caso, con mi lectura en plena y calurosa madrugada, el viaje propuesto por la autora se me ha dibujado a tal inmersión que por momentos he disfrutado de paladear la cuidada escritura empleada en la primera mitad del relato. Como si algo malo aguardase pocas páginas más allá. 

No sabía si sería malo por tétrico o sangriento, por fantasmagórico o desconcertante. Sin embargo, un cosquilleo creciente en mi columna, a medida que iba acariciando mi nuca, me indicaba que la desesperanza y la desolación iban a estar presentes.

 

Ahora, habiendo concluido el relato de Virginia, puedo afirmar que se llevaría mi aplauso de no ser porque no quiero alterar el silencio que, de algún modo, ha dejado poso en mi interior.

Como una hábil malabarista al tridente que conforman mente, genio y teclado, la autora ha sabido como despistarme y darme el esquinazo. Y es que he suspirado con gran alivio al creerme en la cúspide del terror que este relato podría ofrecerme. He pecado de total ingenuidad al remar con confiada urgencia hasta su final.

 

En estos momentos ya es tarde para corregir y ganar en cautela.

Solo me queda encender alguna que otra luz, sonriente por motivos varios. Por la cercanía del amanecer de un nuevo día. Por el buen hacer de la nueva pluma descubierta.

Este impulso que siento a encapsular lo leído en el marco de las páginas que lo contienen, a poner distancia entre uno mismo y lo experimentado, es precisamente lo que todo escritor de terror debería buscar.

 

Virginia lo ha encontrado, y de qué manera.







Continuará...


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martes, 15 de junio de 2021

Reseña de 'La cala: Perdida en la gran ciudad' (Leyendo en K)

 



RESEÑA

LA CALA: PERDIDA EN LA GRAN CIUDAD


por Leyendo en K


Para leer la reseña en el blog de Leyendo en K clicka aquí



INTRODUCCIÓN


La Cala es el quinto volumen de la saga Identidad.

Como no podría ser de otra manera, hay un buen puñado de personas a las que debo agradecer mucho.

Un grupo del que emergen nombres como Vlad Strange, al cargo de la espectacular maquetación final de la obra. O Litzy Martínez, que forjó un prólogo tan magnífico como especial.

Sin embargo, en esta entrada en concreto, hablamos por encima de todo de Maria ML de Leyendo en K.

No solo propuso una actividad de lectura conjunta en su espacio, sino que leyó con tanto mimo el libro que se sacó de la manga esta reseña tan estupenda.

 

Ni La Cala ni los tiempos recientes son experiencias fáciles. Pero lo que sí resulta sencillo es disfrutar de las palabras de Maria, con las que os dejo.




Rebeldía ve su vida dividida entre dos libros: La Cala y La Gran Ciudad. El primero lo encontró en el centro en el que realizaba prácticas de psiquiatría, solo y abandonado, como si nadie quisiera cuentas con él. El otro ha llegado a sus manos por casualidad, en forma de panfletos que comienza a leer con desgana y sin mucho convencimiento pero al que termina enganchada.

 

 Historias imposibles y personajes extraños se mezclan en esta novela a cuatro voces en las que sabremos de Rebeldía, sus extrañas aventuras y los sentimientos encontrados que en ella despiertan ambos libros. Sabremos también de Joel Hiro, escritor con serios problemas con la inspiración que apoya su creatividad en seres que cambian de forma, en animales que lo empujan a continuar.

 

 Leeremos los textos de ambos libros, en uno habrá historias tristes, alegres, dramáticas, con algo de esperanza, pequeños relatos que no nos dejarán indiferentes porque el dolor está presente en todos ellos de diversas formas y con resultados distintos. En el otro será la bipolaridad, sus subidas y bajadas las que harán acto de presencia, como trastornan la vida, como se retira para dar una apariencia de calma aparente y duradera para volver con más fuerza, arrasando y haciendo que se acuda a cualquier ayuda poco recomendada para lograr levantar cabeza.

 

 Con el estilo directo al que nos tiene acostumbrados, Víctor nos presenta un conjunto de situaciones dispares que tienen como hilo conductor los problemas psicológicos teniendo a la bipolaridad como principal protagonista. Viejos personajes como Rebeldía y Joel serán los protagonistas del libro pero la pequeña Chi o el aguerrido Tylerskar estarán presentes aunque el estrellato es de aquellos dos.

 

 Vivirán sus dispares vidas y las intercalarán con la lectura o escritura a lo largo de todo un año, de cuatro estaciones que son las que dividen el libro. La prosa se intercala con algunos poemas, la tercera persona pasa a primera para contar duras batallas de las que se sale más o menos victorioso porque el hombre propone pero el cuerpo y los pensamientos disponen. 

 

 Una lectura que resulta difícil en algunos momentos debido al mal rato que está pasando alguien entre las páginas aunque hay instantes para la alegría, el amor, el desfase o la ilusión. Un libro que deja muchas enseñanzas y frases a tener en cuenta, una historia en la que lo importante es levantarse y seguir luchando, en la que caer está permitido porque todos somos humanos y flaqueamos cuando la presión es excesiva o no se aguanta más, en la que se empieza de cero si es necesario, en definitiva, real como la vida misma: a veces cruel, a veces se porta algo mejor pero siempre con la mochila de la enfermedad a cuestas.

 

¿Recomendado? si, sin duda. Muchas gracias al escritor.



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lunes, 29 de marzo de 2021

Oda por la Estabilidad Bipolar (Parte XV)

 



Oda por la Estabilidad Bipolar


Parte XV

 

 

 

Está sonando Rulo y la contrabanda.

Me gusta, concretamente, es un tema que me transmite muchas cosas.

De hecho, más que transmitirme, me ayuda con gran naturalidad a proyectar mis sentimientos por Vlad Strange.

Esta parte va a estar totalmente centrada en la figura de mi pareja.

Pero también en el marco que contempló nuestros inicios.

 

Primero, te hablaré un poquito de ella, querido lector.

Todos hemos visto películas del calibre de Asesinos natos o Pulp Fiction. Películas de amores un poco gamberros y muy salvajes. Quizá totalmente gamberros y un poquito salvajes. El caso es que, recubierta con una coraza de buena niña, Vlad Strange esconde un mundo tan profundo como irresistible.

 

Tras una fase que nos mantuvo conectados entre México, de donde es ella, y Catalunya, Barcelona fue la ciudad que habría de contemplar un encuentro de auténticos fuegos artificiales.

Una ciudad espléndida, morada de mis mejores y más utópicos recuerdos.

Allí vivió, operó, luchó y murió quien una vez yo fui.

Un Víctor pre trastorno bipolar que apuntaba alto y disparaba certeramente.

Reencontrarme con el pequeño estudio que me vio convertirme en hombre fue una apuesta de lo más arriesgada.

Tal fue la cota depresiva de mi patología que por poco me barre del mapa.

Pero resistí, como quien cuenta los días de un calendario navideño, hasta que una adorable chica bajita apareció por la última terminal del aeropuerto del Prat.

Vestía un jersey amarillo y miraba al suelo con concentrada timidez.

Yo llevaba un dibujo hecho con el móvil de su rostro, enmarcado en madera.

Cuando la toqué por primera vez, fue para levantarle el mentón.

El beso que le di me supo a cotidiana y cálida rutina, a toda una vida juntos.

Luego ya emprendimos nuestra primera media hora de metro. Una línea naranja que confirmó todas mis sospechas: Esa chica me gustaba casi tanto como en la actualidad.

 

Exprimimos Barcelona.

El barrio de Les Corts en concreto.

Por momentos, incluso sentí a mi yo pasado revolverse en mi interior, como si mis mejores tiempos estuviesen encontrando una inesperada prórroga en el encuentro contra la vida.

Pocas veces he disfrutado tanto el tomarme algo con alguien a cualquier hora y lugar. La veía sonrojarse con mis bromas y las mariposas revoloteaban mi estómago.

Mi vida estaba en prácticamente un jaque mate al poco de que llegase. Pero como quien sabe que dispone de unos bidones de combustible aguardando su momento, en cierto modo sabía que las cosas terminarían por acabar más que bien.








 

Esta parte de Oda por la Estabilidad Bipolar viene a mostrarnos que sí, que en ocasiones, es más que necesario volar sin miedo ni control. Y eso hicimos.

Fueron tiempos de risas continuas, de felicidad crónica y optimismo tenaz, en un marco de dificultades como pocas se han visto.

 

Me hace feliz escribir estas líneas.

Se me escapa la sonrisa mientras Rulo repite una y otra vez ese tema tan fresco.

Debo confesar que he empezado a escribir hundido en el fango.

Sombras de mal aspecto y peor olor escalaban desde lo más hondo, asomando sus fauces en las esquinas de mi psique.

Pero, como cada día, el sol que se saca de la manga Vlad Strange no solo hace desaparecer la sombría naturaleza de lo que me acecha, sino que también ilumina con la fuerza de una luna llena.

El resultado es incontestable.

Estoy enamorado de esta pequeña chiquilla de pleno en la veintena.

 

No estoy de acuerdo con que la ceguera del amor queda atrás, dando paso a algo diferente. Desde que la vi bajar de su avión lo supe, supe que iba a tener la inmensa fortuna de saborear su compañía cada maldito día del resto de mi vida.


 

 

Por Halloween me compras flores,

Y dices que te acuerdas de mí,

Luego me das calabazas,

Por San Valentín.


 

 

Así reza parte del estribillo de la canción de Rulo.

Un truco, una exquisitez literaria con su punto gamberro, que me recuerda sobremanera la que estamos liando esta chica y yo.

Se trata de una inesperada primavera para una vida que se me estaba acabando.

Tan acostumbrado ya a la fría oscuridad invernal, oler de nuevo a flores y sentir de forma sana el latir de mi corazón es algo que ventila mi alma.

 

Es cierto que el trastorno bipolar acecha, escondido tras los rincones, para hacer del buen tiempo un huracán maníaco.

Pero no dejaré que esta vez empañe mi texto.

Porque es un texto dirigido al Cuernito, al amourshei, a mi señori.

Eso significa que debo ser consecuente al modo como la veo.

Como me quedo embobado cuando duerme, peinando su piel con mi mirada.

Como me quedo idiotizado cuando me acaricia, aunque a menudo me escurra.

Como me quedo muerto de risa por dentro, cuando hace sus payasadas.

 

No sé como acabará esta historia.

Uno nunca puede ni debe dar nada por sentado. Tampoco adelantarse a los acontecimientos.

De momento van dos años al lado suyo, escoltados por un cariñoso gato deforme y la gata que me tiene robado el corazón.

Una vez Vlad me dijo que la verdadera felicidad se encuentra en pequeños momentos de nuestra intimidad, cuando estamos todos juntos.

No puedo estar más de acuerdo.

 


 





 

 

Oda

 

Atraco de felicidad

 

 

Dame todo lo que tengas

Mundo cruel

Dámelo todo y déjame ir

Hacia un lugar mejor.

 

¿Ves esta pistola?

Es mi amor apuntando a tu sien

A la cabeza de un sistema manipulador.

 

Me lo voy a llevar todo.

Todas las risas y esa felicidad 

De la que presumes en tu mostrador.

Me lo voy a llevar todo.

Tú me habrás robado pasado y futuro,

Pero a mí me han robado el corazón.

 

¿Que cómo un robo puede darme tanto?

Pregúntate, mundo malvado,

Qué robaste tú.

Porque a mí me han robado mi tiempo,

Para tornarlo en algo mejor.

Me han robado mis sentimientos,

Para mimarlos donde tú machacaste.

 

¿Ves mi arma?

Es mi corazón francotirador

Me apunta al alma

Dispuesto a erradicar tu tristeza.






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sábado, 20 de marzo de 2021

Oda por la Estabilidad Bipolar (Parte XIV)

 



Oda por la Estabilidad Bipolar


Parte XIV

 

 



 

Suenan  Fito & Fitipaldis.

Se avecinan tiempos de cambio, querido lector.

Así lo siento, y aunque el cambio de registro musical sea una vaga prueba, lo cierto es que es uno de tantos pilares que sostienen mi afirmación.

 

Calculaba para este proyecto unas quince o veinte partes, de las cuales ya estamos en la antesala. Ahora mismo no sabría decir hasta dónde llegaré.

Está siendo para mí un viaje emocionante.

Está siendo un periplo que, aunque a ti te resulte depresivo, a mí me está sirviendo de remo y bastón. De remo para navegar hasta aguas más amables. De bastón para apoyarme cuando ya no me quedan fuerzas.

 

Es bonita la simbiosis que hemos fraguado.

Tú lees, dejando o no rastro, mientras yo expongo.

Una relación en toda regla en la cual va siendo hora de sentarse a hablar un poco de todo.

Me siento cada vez más depresivo, aunque sin perder la sonrisa.

 

¿Cómo puede eso ser posible?

 

Ya en mis inicios como escritor me lancé a por la novela ‘La cabaña’. Aquel fue un ejercicio de desesperación ante la psicosis incipiente que habría de volatilizar mi vida. Uno de mis personajes más queridos siempre será Anciano.

Tanto es así, que en días como hoy no me siento sino igual a él.

Quizá me falten los elementos más pintorescos, como una buena hoguera, un generoso whisky y un paraje indómito que me rodee. Pero en cualquier personaje, así como en cualquier ser humano, ya sabemos que lo importante está en su interior.

En el interior de su mente. De su corazón. De su alma.

 

Yo me siento agotado.

Pero no en el sentido lánguido de la palabra.

Me siento exhausto de pelear como se podría sentir harto un soldado convencido de la victoria.

Me encuentro en ese momento en el que hay que echar el resto, sin importar demasiado uno mismo.

La propia supervivencia está sobrevalorada.

¿Cuántos mequetrefes se han quedado a medio camino por ser demasiado cautos?

A tomar por saco. Una de las ventajas de la depresión mayor es perder el sentido del riesgo. La desesperación alcanza tales cotas que tanto da quemar todos los cartuchos restantes en una última jugada ganadora.

 








Anciano y yo compartimos gran parte del pasado.

Quizá me falten un puñado de primaveras para alcanzarle, pero no demasiadas.

Eso debería implicar que está cerca el momento de romper con todo.

No obstante, creo que en mis veinte cometí un fallo de cálculo.

No contaba con mis ganas de vivir y de exprimir el tiempo que se me ha dado.

Hoy en día no abandonaría todo para perderme en una cabaña donde reflexionar sobre lo existente, lo pasado y lo venidero.

Hoy en día, en verdad, me encuentro tecleando estas palabras para ti, querido lector.

 

Unas palabras que versan sobre la estabilidad bipolar.

Algo así como una conquista imposible. A la que te puedes acercar e incluso puedes besar desprevenida, pero siempre viendo como parte de tu lado, escurriéndosete de los brazos.

Si no soy capaz de capturar mi meta, ¿Podrá alguien lograrlo en niveles más sencillos de estado de ánimo?

Mucho me temo que la respuesta es no.

Podemos intentar luchar por nuestra estabilidad emocional hasta el punto de generar el más favorable de los escenarios. Pero eso no será algo que nos inmunice contra los continuos terremotos silenciosos que nos sacuden a todos por igual.

 

Tratamos de agarrar algo en estado líquido con manos torpes.

La estabilidad es una sensación que puede antojarse sujeta a la famosa zona de confort. Sin embargo, en verdad es como un kit de supervivencia.

A veces, estaremos más estables sintiéndonos vivos que en la seguridad de la caja fuerte de nuestro hogar.

Habrá para quién hogar signifique escalar el monte Everest.

Habrá para quién hogar implique entregarse al prójimo.

Habrá para quién hogar requiera rutina.

Para todos los gustos, el plato estará servido.

La cuestión es que no siempre estará en buen estado.

A todos por igual les serán repartidas las agrias tormentas, que de no superar nos dejarán en la estocada teniendo que hacer uso de la mejor de las hipocresías para seguir sonriendo.

 

Hay que llevar puesta la estabilidad como traje de gala. Como mono de trabajo. Como prenda de baile. Hay que llevarla encima como el mayor de los tesoros.

Ahora que se avecina un cambio de tercio en mi vida, con la fase baja de lo maníaco depresivo llamando a mi puerta, lo veo más claro que nunca.

Curiosamente quizá sea algo que salpique a estos escritos con una positividad inusitada. Un paradójico giro en los acontecimientos.

La caída en desgracia del autor, que dispara bengalas al arcoíris para disimular.

Por lo que se, mi vida lleva atrapada en el ciclo bipolar por más de una década. Un ciclo de lo más autodestructivo que no admite variaciones en sus tiempos.

Que ahora toque depresión implica que vengo de una fase alta.

Que ahora tenga lugar una caída me ata a una escalada posterior.

 

Ya basta.

He sido incapaz de dar con la estabilidad en lo que llevamos de viaje.

Ni un ápice de su rastro he sido capaz de encontrar.

Ahora que el terreno se llena de lagunas y arenas movedizas, y el calor promete antojarse insoportable, espero que cambie mi suerte.

Como he dicho, no hay miedo a nada a mayor dolor.

Solo fe en mejores días.

Esperanza en un futuro más halagüeño.

 

 





 

Oda

 

Tu mejor canción

 

 

 

Cambio de escena

Muta el escenario

Cambio de actor

Mismo rostro.

 

Los focos se apagan

No hay velas encendidas

El público, atento,

A la caza de tu sonrisa.

 

La música se detiene

Llega un impass a la canción

Apunta alto de repente

A lomos de un tambor atronador.

 

El pulso se gradúa a juego

Sientes latir tu corazón

Como un espartano de la tropa

Un guerrero en formación.

 

Flechas a mansalva

Buscan tu aniquilación

Y sonríes a lo eterno e infinito

Mientras, de fondo,

Suena tu mejor canción.





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miércoles, 17 de marzo de 2021

Reseña de 'El símil 2: Días de Rebeldía y noches monstruosas' (Leyendo en K)

 



RESEÑA

El Símil 2: Días de Rebeldía y noches monstruosas

por Leyendo en K


Para leer la reseña en el blog Leyendo en K clicka aquí



INTRODUCCIÓN


Cuando Maria la Klingonesa de Leyendo en K y yo cruzamos caminos corría el año 2016. Yo me encontraba escalando en mi estado de ánimo al tiempo que lograba dejar atrás el alcohol por un buen puñado de meses.

De ahí nació el segundo volumen de la Saga Identidad, un ‘La taberna: Una libreta para el recuerdo’ que Maria leyó con mimo y reseñó con aún mayor cariño.

Desde entonces, he encontrado en ella mucho más que una buena lectora y excelente reseñadora para cuanto cae en sus manos.

Su aura, desde la distancia, desprende algo muy bonito. Espero que la vida tenga a bien actuar en consecuencia.

 

Esta es la quinta de sus reseñas para mi saga más íntima.

Ojalá la disfrutes tanto como lo he hecho yo, querido lector.



RESEÑA


La coronel Rebeldía, a las órdenes del general Harris, es una brillante luchadora y estratega que se enfrenta a las misiones que le encargan sin rechistar, cosechando éxitos allá donde la destinan. Sin embargo, hay algo de lo que no habla y la atormenta noche tras noche: unas horribles pesadillas que a veces no se distinguen de la realidad y que no la dejan ni descansar ni vivir.

 

 Es en estas pesadillas donde ha de enfrentarse a sus miedos y temores ocultos, donde le cuesta más trabajo salir victoriosa, donde parece que nada de lo que hace es suficiente para seguir adelante. Pero no está sola en sus pesadillas porque hay quien la observa con todo detalle y registra a lo que se va enfrentando.

 

 En esta nueva entrega de la saga Identidad nos encontramos con un cambio de tercio en el estilo del escritor. Si bien sigue tratando los problemas mentales con metáforas y a través de sus ya conocidos personajes, en esta ocasión le da una oportunidad al miedo introduciendo algunos capítulos en los que se ponen los pelos de punta al leerlos, por lo menos a mi.

 

 Acompañando la narración, hay ilustraciones a todo color que a mi me han encantado porque retratan con bastante fidelidad lo que va ocurriendo ayudando a crear ambiente, sobre todo cuando estamos en un momento de tensión justo antes de un buen susto.

 

 Se cuenta todo desde diferentes puntos de vista así que habrá momentos en que sepas más que la propia Rebeldía de qué va todo y lo que ocurre a su alrededor. Al principio hay un poco de despiste porque no se tiene muy claro por dónde van a ir los tiros de lo que le ocurre a la coronel pero conforme avanzas en la lectura va quedando todo claro.

 

 También vamos a encontrar numerosas referencias cinematográficas tanto en escenas como en datos y nombres; al final el escritor explica a qué viene todo eso y es algo que a mi, personalmente, me ha gustado bastante. Leer cómo transforma algunas escenas del cine conocidas para adaptarlas al libro me ha parecido original aunque quede contradictorio.

 

 Rebeldía es una protagonista que me ha preocupado bastante: pasa unas noches espantosas y luego se incorpora como si nada al servicio dándo lo mejor de si misma para volver a caer rendida en el potro de tortura. El escritor sabe bien como transmitir sus miedos, inseguridades y cómo se sobrepone a ellos para luchar contra el Monstruo sin descanso.

 

 El dolor lacerante de las heridas, el agotamiento, el pánico cerval o la valentía nos los sabrá transmitir Rebeldía perfectamente. En cada capítulo seremos testigo y partícipes de lo que ocurre y de cómo se siente. 

 

 Es un libro que resulta sorprendente porque es distinto a lo que el escritor nos tiene acostumbrados hasta ahora. En todos sus libros hay acción, hay metáforas, se tratan los temas mentales pero en este está más centrado en la protagonista, sus idas y venidas y deja las explicaciones para el final. Es el que más me ha gustado hasta ahora.

 

 En otros libros teníamos personajes como Rectitud o Resolución, que forman parte tanto del carácter como de las historias que nos narra el escritor pero en este libro son meros secundarios dejando todo el protagonismo a Rebeldía. 

 

 Muchas gracias al escritor y a Jhoanna del blog Mundo Relatos por haber organizado la lectura conjunta.





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martes, 16 de marzo de 2021

Oda por la Estabilidad Bipolar (Parte XIII)


 


Oda por la Estabilidad Bipolar


Parte XIII

 

 

 


Suena ‘A dónde ir’ de Viva Suecia.

Me gusta tanto este tema que esta parte va a consistir en dejarme llevar por su cruda letra.

 


 

Vuelves a diario porque el hambre va por barrios

El problema es que te gusta reincidir

 


Como hago a menudo con el alcohol, los drogadictos peinan la morada de los camellos tan a menudo que ni siquiera los mejores especialistas tienen mucho que hacer.

Es curioso que teclee tantas palabras en pos de la estabilidad y al mismo tiempo me halle atado y bien atado a un consumo que la dinamita.

Supongo que resulta igual de curioso que la paradoja del toxicómano que sabe cuál es la fuente de su ruina y, pese a ello, recurre a ella a diario.

El problema, supongo, debe radicar en el pozo que mora en lo más profundo de nuestras miserias.

 


 

Tanto sufrimiento para irnos descontentos

Hay momentos que nos cuesta digerir

 


¿Cuánto ha de sufrir alguien adicto para dar con la luz de la redención?

La respuesta es que, directamente, no puede redimirse mientras no hace más que escarbar en sus cuevas personales.

El descontento es algo con lo que te vas a topar más pronto que tarde si te vuelves adicto a alguna sustancia. Es, además, algo que te acompañará a lo largo del viaje, hasta el mismo final.

La drogadicción es un buen ungüento puntual para la mayoría de heridas, pero a largo plazo las torna tan putrefactas que prácticamente ya no habrá nada por salvar.

Como plantas en un piso interior sin aire limpio, esos momentos de difícil digestión se tornarán, si cabe, aún más tétricos. Estancados por el paso de un frío y cruel paso del tiempo.

 


 

Viene luego el pulso y el suspense en fin de curso

Y las caricias arrancadas de raíz

 


Inevitablemente, un toxicómano tendrá tiempos de discutible gloria que recordar.

Tiempos iniciales que alzarán los cimientos de la defensa de ese estilo de vida.

Cuando llegue el pulso que todo ha de mantener con la realidad de la vida… El suspenso será inevitable. Claro, siempre podremos esgrimir que todo nos importa una mierda. Hacernos los ciegos.

Pero la ceguera no es algo que exima a nuestro interior de los sentimientos y las emociones.

En cuanto a lo primero, la ausencia de caricias en cualquiera de sus formas por parte de nuestros semejantes se hará notar. Como un silencio frío en un inhóspito lugar para huérfanos.

En cuanto a lo segundo, la droga que nos encadene se encargará de hacernos regresar una y otra vez, queramos a no, a la tan famosa montaña rusa de la que tanto nos jactamos en su momento.

 






 

Todos tus amigos, la familia y los vecinos

Creen que tienen su derecho a decidir

En fin

 


Antes de partir de tu lado, se te intentará abrir los ojos.

Y ya se dice que no hay más ciego que el que no quiere ver.

Reclamarás, en vano, que se trate de acceder a tus profundidades.

Reclamarás, en vano, la misma ayuda que seguramente tú has tratado de dar a individuos en peor situación.

Sin embargo, el girar del mundo no se va a detener por nada. Mucho menos, por alguien afectado por una problemática tan estigmatizada.

Estarás acabado para mucha gente, y la restante te apuntará al pecho bajo ultimátum de cambio o partida.

 


 

Cambia el gesto serio, ya han caído los imperios

Y aunque te hayas prometido resistir

Tarde o temprano se te rompe entre las manos

Y esa sangre nunca salta del tapiz

 


A menudo, con el transcurrir de los años, uno puede tratar de mantener su pulso, aunque dentro de la misma rueda cíclica de siempre.

Olvidará, por momentos, que posiblemente hará décadas que esa lucha resulta en vano. Que no hay nadie al otro lado de dicho pulso. Que, posiblemente, se esté peleando contra el macabro reflejo que nuestros actos han ido creando.

En el fondo ya solo te queda resistir. Una supervivencia, ya no por la dignidad, sino por el mero hecho de seguir en pie. Aunque nos estemos arrastrando en vida.

Como reza Viva Suecia, tarde o temprano se rompe. Tarde o temprano, te rompes.

Sangre metafórica que representa la herida mortal de saberse sin pasado, presente ni futuro.

Algo que se trasladará a tu aura, tu mirada e incluso tu corazón, tornándolos de ese gris espeso que todos queremos esquivar cuando lo vemos.

 


 

Hay más enemigos en la piel de los testigos

Que entre aquellos que juraban contra ti

Ven a verme un día, yo te espero de por vida

Sé que nadie tiene claro a dónde ir

A dónde ir

 


Es hora de buscar culpables ahora que ya es demasiado tarde.

Y te sorprenderás de los rostros que, jurando lealtad, han acabado por ofrecer lo contrario.

Siempre quedará, eso sí, quien te advirtió desde el comienzo.

Siempre podrás visitarle a él.

Un día, por unas horas, por fin comprenderás que sí tuviste tu oportunidad. Luego tirarás por tierra el último atisbo de rebeldía contra tu carcelero.

Volverás, porque el hambre va por barrios. Porque te gusta reincidir.

 

 

Gracias por acompañarme en el análisis de estos versos, querido lector.

 







ODA

 

Excavando en la prisión

 


 

La excavación lleva tiempo

Tiene tus manos en carne viva

Con tenacidad has querido salir

Pero has errado la dirección.

 

Vas tan hondo

Que te cuesta respirar

Has calado tan profundo

Que el diablo te guiña el ojo.

 

Sales a diario

Porque el hambre te puede

Bebes a diario

Porque no hay más consuelo.

La depresión azota el oleaje

Incipiente, amenaza con crecer

Hacerse grande hasta demoler

Los cimientos de toda salvación.

 

Y te drogas, y vuelves a agarrar la pala.

Cavas con fuerza son desesperación

Excavando, ciego y sordo

Excavando en tu prisión.





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