sábado, 26 de agosto de 2023

Brothers in arms

 





Siempre fuimos más felices.

 

Cuando el rock’n’roll de la juventud recorría nuestras venas y una nostalgia sin nombre buceaba en la eterna melancolía.

Cuando los primeros frutos maduros se pudrieron en nuestra boca, dejando el amargo sabor de, quizá, una mala promesa.

Cuando los atardeceres refulgieron luz de amanecer, mientras que, en un futuro próximo, el inicio del día sabrá a miel.

 

Siempre fuimos más felices.

 

Cuando familia era una palabra incorruptible.

Cuando presente implicaba energía y conllevaba esfuerzo con recompensa.

Cuando el futuro es irse de la pirámide. Cuando no interesa codearse ni con el borrego ni con las sectas.

 

Siempre fuimos más felices.

 

Guitarra en mano, con forma de libro o teclado, con aspecto de instrumento o pincel, con alma de artista sumiso o rebelde.

 

Siempre fuimos más felices.

 

Incluso cuando el sol se puso, la guadaña de la muerte no era más que el tajo de una dulce sandía.

Recordaba a esa miel... La miel de una nueva aventura.

 

Siempre fuimos más felices.

Buscamos la luz de un nuevo día.












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jueves, 20 de julio de 2023

70000 estrellas fugaces

 




—¡Fíjate cuántas visitas! — Don Gadget se agarró las solapas de su diminuto traje frac con una gran sonrisa de satisfacción dibujada en su rostro. Tras unos instantes, en los que trató de generar la máxima expectación posible, alzó su bastón hacia la pantalla del ordenador. 

—¡Desde que las llamamos estrellas fugaces que no había acontecido semejante lluvia de cometas! — Dicho eso a voz en grito, el grillo tecleó mientras bailaba claqué una serie de comandos para rastrear estadísticas en el blog.

Una vez hubo terminado, se giró hacia la figura del huraño escritor que lo escrutaba tras una nube de humo.

—¡Cachis con tu efusividad! Eres un hueso duro de roer...

Harto de la desgana del autor de Un universo en palabras, Don Gadget se acercó a sus dedos. Estos yacían ya en el teclado, tratando de escribir algo sin demasiado empeño. El fuerte pisotón del grillo con uno de sus impolutos zapatos, recién embadurnados de betún, llamó al fin de manera satisfactoria la atención del escritor.

—¡Escucha, a ver si así lo entiendes, cabeza de chorlito! Cada visita representa el tiempo con el que un lector deposita su alma en nuestras manos. ¡Navegan! ¡Navegan por el universo que tras tantos años hemos conformado!

 

Unos momentos de tensión siguieron a aquel último discurso. Tras ellos, el autor sonrió.

Largo tiempo había pasado, era cierto.

Muchas aventuras junto a su socio Don Gadget.

Quizá el grillo tenía razón. Tal vez era momento de celebrar.

Así pues, extendiendo la punta de su índice, la chocó con el puño extendido de Don Gadget, para ponerse ipso facto a escribir unas breves líneas.

 

Sería un texto de profundo agradecimiento.


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miércoles, 12 de julio de 2023

300 publicaciones | Aniversario del blog

 



Querido lector,

 

Cuando abrí este blog por allá en 2015, lo hice con la voluntad de crear un espacio, no solo en el que poder presentarme debidamente, sino también en el que poder abrir diferentes canales de comunicación.

 

Con el paso de los años, todos ellos variopintos como la vida misma, he publicado a mansalva o casi no se me ha visto el pelo. 

 

Sin embargo, nuestro patrón, el siempre carismático y dedicado Don Gadget, se ha ido ocupando de la organización y clasificación del contenido. El resultado es justamente lo que soñé para este pequeño universo en su momento: Una propuesta de paseo, una suerte de viaje y una aventura de lo más especial por cuanto rodea a mis palabras.

 

En los 300 posts que figuran publicados en Un universo en palabras puedes encontrar multitud de propuestas imaginadas con pasión, diseñadas con disciplina y ejecutadas con mimo. 

 

Aquí, en esta madrugada que no es más que la bandera de otras tantas y tantas, mi gata Chihiro duerme escuchando un teclear amparado por música suave y humeante café. Chi ya estaba cuando este proyecto vio la luz. Y junto a ti, querido lector, ha supuesto la mejor de las compañías en este ejercicio que, espero, se prolongue por mucho más tiempo.



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Querida Barcelona

 



Querida Barcelona,

 

 

Cuanto tiempo, ¿Verdad?

Como de costumbre, tú te debes haber hartado de sucesos variopintos y actividad desenfrenada.

 

No hace tanto que nos vimos por última vez.

¿Te acuerdas de la chica que conocí paseando por tus bohemias callejuelas?

Nos va genial. Te alegrará saber que, incluso, hemos logrado emerger de las arenas movedizas.

Ahora vivimos no muy lejos de ti. Me atrevería a decir que miramos el mismo mar. Que, cuando un gran nubarrón se desplaza, nos oculta a ambos la misma puesta de sol. 

Es una triste visión, lo sé.

Es que te echo de menos.

 

Ya no sé si podremos cumplir aquellos sueños que tantos años compartimos. El repatriado de mis objetivos no se ha reestructurado y no va a haber reconquista, eso puedo asegurártelo. Me encuentro aún más deforme que la última vez, una suerte de mezcla entre mis infiernos y mis cielos.

La edad me ha acechado, haciéndome acuciar una cuarentena que empieza a entender que la puesta de sol va a ser, aunque lejana, todo un hecho.

 

No por ello siento lejos las tentativas.

Esas llegadas furtivas a tu estación de Sants para vivir inolvidables jornadas. Esos más que lustros peleándote y saboreándote, viviéndote y soñándote. Esas arremetidas contra natura pegado a ti mientras el océano estira y estira... Hasta que arranca.

 

Se me acaba de poner un puño en la garganta.

Suena música un tanto desgarradora, aunque bonita. Garantía de que no voy a acabar entero esta carta. Aunque no espero lo mismo de esta vida.

 

¿Sabes?

Chi sigue viva y hasta me ha llegado un fugitivo exiliado de tus barrios.

Me atrevería a decir que ya soy feliz. 

Pero tú mejor que nadie conoces la ubicación del puñal que me atraviesa. De la estaca que apnea mi respiración. De los sueños por lograr que me dejan en vilo.

 

Maldita sea.

Menudo trastorno.

 

Te dejo por ahora.

Como siempre, con mis mejores deseos:

 

Víctor













Querida Barcelona,

 

¿Era un loco?

Justo cuando, en el fragor de la juventud, surcaba tus calles con el empuje de una docena de embarcaciones con el viento a favor.

Cuando la energía se teñía de visibles tonalidades en un mundo multicolor de núcleo gris.

 

¿Era un loco?

Justo cuando, en el cénit de lo crucial, entrenaba mi mente tan exhaustivamente como un capitán que llega al mando de un portaaviones. 

Cuando el corazón latía con la hipersensible emoción generada por un despegue inminente a la conquista de lo imposible y lo desconocido.

 

¿Era un loco?

Justo cuando, a la hora de salvaguardar los muebles del gran incendio, no hice más que avanzar a contracorriente como un mariscal de flota.

Cuando los recursos se sacrificaban junto a la esperanza y las neuronas ardían, derrapando a mil kilómetros por hora en los lienzos maníacos de la anarquía.

 

¿Soy un loco?

Ahora que las heridas ya no sangran a borbotones a vista de médico de pacotilla.

Ahora que el oxígeno regresa a los pulmones, ¿Puedo ya gritar?

 

Querida Barcelona, dime si ya puedo preguntar a voz en grito si algún día me curaré.

 

Dime si el sinsabor del sinsentido tiene arreglo. Si el masticar la ceniza de lo que fue alimento también nutre de algún modo. Si puede nacer algo de lo que se tornó yermo. Dime si sirve armar la metáfora de lo que cuentan sobre el ave fénix y si el poder de la victoria sobre la enfermedad realmente arde de las llamaradas de la voluntad.

Si, al menos un día, una hora de una jornada o un minuto fugaz, podré quitarme la máscara y volver a reír de verdad junto a ti.

 

Sé que la música que suena es triste.

Una banda sonora orquestada a partir de letras que beben de un océano de pesadillas, soñadas y vividas.

Hace tiempo que no hay despegues en los portaaviones.

Mucho hace de la última vez que se vio el uniforme del mariscal.

No hay ni rastro del tenaz mando del teniente.

 

...Pero el maldito oleaje sigue ahí, igual de frío e inclemente como siempre se mostró, dando lenta caza a un cerebro para el que los años no dejan de pasar.














Querida Barcelona,

 

Quiero irme a 571 como dicta el tema Exoplaneta de Arde Bogotá.

Quiero viajar voluntariamente, abandonar la tierra, e irme a 571-/9A.

 

No se va a tratar de una travesía ni científica ni de ciencia ficción, aunque algún elemento de ahí quiero agarrar.

Decía Isaac Asimov aquello de que era el fin de la Eternidad y el principio del Infinito. Qué aterradora belleza atesoran esas palabras. Que magno significado que nos deja arrastrándonos como hormigas con nuestros problemas y dilemas.

 

Quiero irme a 571.

¿Sabes? Tengo pensado no incluir el cinismo allí. Tampoco la bravuconería de cara a la galería. Jungla y carnaval, términos prohibidos. Garrote a la dictadura y al fascismo. Un exilio prácticamente equiparable al de una isla en la que naufragar.

 

¿Qué debo morir, dices?

Muramos, que mueran todos aquellos que quieran viajar conmigo a 571-/9A.

Sé que el pasado ya lo hizo, deja de engañarme de una vez.

Sé que las calles donde moran mis huellas han sido tan pisadas que de mi rastro no queda ni un vago perfume.

Sé que mis recuerdos subjetivos se han más que diluido en los mares de las opiniones de aquellos que, o nunca les importaron, o supieron sepultarlos.

 

Me quiero ir a 571.

¿Sabes? Quiero fundar allí Nueva Barcelona.

Muy probablemente tenga todas tus calles y muchas de tus gentes.

Muy probablemente pienses que esa burda copia te recuerda mucho a ti.

Pero habrá algo diametralmente diferente. Y solo tienes que mirar al espejo que representan mis cartas para comprender de quién se trata.

Solo tendrás que buscarme en tu memoria para darte cuenta de la desaparición.

 

Creo que ya me he ido.

Harto de tanta miseria y concierto de máscaras. 

He partido rumbo a 571-/9A.



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Audiolibro: 'La taberna: Una libreta para el recuerdo' (Víctor Fernández García)

 



LA TABERNA

Una libreta para el recuerdo


Puedes escucharlo en Rakuten Kobo


Narrado por Mono Vázquez de Narrators Hub



SINOPSIS


Joel ronda los treinta.

Se siente atrapado en un punto vital que no parece reportarle demasiada felicidad.

Su trastorno bipolar le ha arrastrado, más que acompañado, por buena parte de su camino.

Bien pronto creyó encontrar un bastón para subsanar la problemática maníacodepresiva. Desde que el alcohol llegó a su vida fue creciendo en protagonismo a medida que su salud mental abría de par en par las puertas del oscuro territorio de una mente que hierve en busca de claridad.

Una libreta siempre le acompaña. En ella, Joel plasma retazos de su mundo interior.

Necesitado de paz, dará forma a un buen consejo encontrando el rastro de una misteriosa taberna. Será allí donde habrá de recrudecerse la batalla contra el trastorno, el alcohol y un monstruo. Armado únicamente con un lápiz y las páginas de su libreta, perseguirá la estela de una salida a la autodestrucción que le consume cíclicamente, desde hace tanto tiempo que la oscuridad parece haber conquistado un lugar en el cual la tímida luz de un farolillo permanece, no obstante, encendida.


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Audiolibro: 'La cabaña: El oscuro laberinto de la psicosis' (Víctor Fernández García)

 



LA CABAÑA

El oscuro laberinto de la psicosis


Puedes escucharlo en Rakuten Kobo


Narrado por Tomás Cebral de Narrators Hub



SINOPSIS


Un anciano conoce a un niño, un adolescente y un hombre que, guiados por una misteriosa niña, dan con su cabaña en un lugar del que poco saben. Juntos tratarán de hallar una salida al laberinto que su existencia les ha propuesto para poder llevar una vida con cierta paz y salud mental.

La cabaña es un libro escrito en diferentes estados producidos por un trastorno bipolar. Contiene fragmentos creados en fases depresivas severas, así como otros que describen el proceder de sus protagonistas en fases maníacas agudas.


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Audiolibro: 'Leyendas de Animalia: Ramírez y el volcán' (Víctor Fernández García)

 



LEYENDAS DE ANIMALIA

RAMÍREZ Y EL VOLCÁN


Puedes escucharlo en Rakuten Kobo


Narrado y musicalizado por Víctor Fernández García



SINOPSIS


Consciente de la extrema belleza de la princesa Dalamy, una ratona adoptada por los reyes felinos, Ramírez se embarcará sin dudar en una alocada misión: apagar un volcán. El rey Husk concederá la mano de su mismísima hija si el ratón logra el éxito. Personajes tan hilarantes como claroscuros acompañarán a Ramírez en la búsqueda de aquello que le permita cumplir su sueño.


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martes, 11 de julio de 2023

Mi buen amor

 




Mi buen amor, 

 

Mon Laferte me transporta a México.

Escucharla cantar ese tema tan estelar me sabe a bandas al atardecer en playas paradisíacas. Y yo he estado en esas playas. Sí, son espectaculares hasta quitar el hipo. Toda una civilización hasta hace unos años desconocida para mí.

Un mundo de costumbres diferentes, de alimentos y cultura muy dispares, aunque siempre con el amago de raíz común que tanto cobijo da a almas como la mía.

 

Soy reticente a los cambios.

Tanto, que, mi buen amor, me gustaría firmar el quedarme por siempre a tu lado.

Me parece mentira que en tan poco tamaño pueda concentrarse tanto talento, tanta pasión y tantos sueños.

Eres como un pequeño volcán en constante erupción. Y cada pedrusco en llamas que sale de ti, ya sea depresivo o exaltado, melancólico o efervescente, abatido o conquistador, me sabe a todo el futuro que se dibuja maravillosamente frente a nosotros.

 

Mi buen amor, tú que me haces la coleta cada día, atando con tus manos mis anhelos y el destino común que compartimos, ¿Sabes a dónde conduce la marea que mece esta preciosa vida común que hemos encontrado?

 

Es como el diminuto puerto de un riachuelo en el que solo hay que encontrar el enfoque adecuado para no querer ya irse de ahí jamás.

 

He conducido por ciudades vacías.

He sufrido el mal de la población hueca.

He sido herido por filosofías sin cabida, masacrado por estigmas inmortales, destruido por la falsa fe de dogmas de pacotilla y hasta me han asolado los vientos de la denigración más flagrante.

 

¿Cómo no voy a querer atarme a ti, ya sea en el riachuelo de postal o en la más pútrida alcantarilla?

 

Tú conviertes.

Tú llevas el feliz rio de tu felicidad a mi vida.

Me haces agarrar vuelos transatlánticos cada día, mientras hago de tripas corazón con los problemas de siempre que tanto empequeñeces.




 

“Mi buen amor, 

Si no quieres regresar,

Por qué vuelves a buscarme una vez más,

No me pidas que te de una última noche.”



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Manejo de la frustración

 




Este pequeño tutorial no está destinado a ti.

Esta ínfima guía acerca de aguantar malas energías, pésimas actitudes y peores jugarretas, por el mero hecho de haberte llamado la atención, no es tuya.

 

Las personas objetivo de mis palabras moran en las sombras.

Pensarás que son grises o literalmente oscuras, cabizbajas y pensativas, pero una vez más te estarás equivocando.

Muy probablemente, ese encuentro ameno que acabas de mantener en un bar, esa feliz estampa que has experimentado en un paseo o la distendida charla que te han brindado en un tren forme parte del verdadero público objetivo.

 

Jokers reales.

Los que saben de verdad en qué consiste el juego.

Personas que de tanto recibir mierda han sabido iluminarse con energía reciclada del estiércol de esta pútrida sociedad. Gentes que tendrían a bien volarte la tapa de los sesos, pero consideran óptimo sonreír con amabilidad.

Dioses.

Titiriteros que escapan de las sucias manos de la política.

Terroristas del plano emocional, ese del que tanto cojeas en silencio.

 

Incómodo, ¿Verdad?

 

Te estamos tomando pelo entre todos nosotros.

Una pequeña facción de élite está huida del psiquiátrico, querido lector.

Sabemos no solo cómo piensas, cómo izas la bandera del espacio personal y enarbolas los mejores impolutos valores, sino también cómo sientes. Cómo te sientes.

Ahí escondido un rato cada día, cuando las máscaras caen y ya no hay fuerza para maquillarse.

Tu mejor aspecto no es más que un reflejo de tu fotografía más horrible. Una horripilante aurora que te carcome desde la depresión leve. Desde el “la vida es dura para todos”.

 

Y una mierda.

 

Prueba el sabor del metal.

Dejarte con vida con la lengua impregnada de su áspero sabor es la más mágica venganza. La más cruel maniobra. La más macabra resolución.

 

Ahora, dilo una vez más.

Pobre, pobrecito de ti.

 

Por favor que te dejen en paz, sobre todo aquellos a los que tus impuestos morales arrebataron bien la vida, bien la dignidad.




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lunes, 26 de junio de 2023

Mis reseñas: 'Relatos de Nogroz' (Edgar Montserrat)


 


RESEÑA

RELATOS DE NOGROZ

Una novela de Edgar Montserrat


SINOPSIS


Nogroz. Cinco regiones, cinco gemas, cinco sociedades.
El último reducto de la humanidad y de los dragones se halla dividido y a su vez cercado por las Tierras Oscuras, hogar de demonios cuyo fin es el de exterminar a ambas especies. 
Relatos de Nogroz es un compendio de seis historias que nos introducen en un mundo de fantasía lleno de magos y dragones, los únicos sabedores de la verdad y protectores de la humanidad. Un mundo regido por cinco reyes inmortales que gobiernan sus respectivos territorios de forma distinta, donde las diferencias entre las culturas y las continuas contiendas han provocado una fuerte xenofobia.


Puedes hacerte con ella en Amazon 





 

 

Sentir el tacto de un libro de cuyo parto has podido asistir a la fase final es de lo más especial.

Ansiaba mucho sentirme amparado por mi familiar y querida madrugada para, así, adentrarme en Nogroz como es debido. Quizá haya echado de menos un clima considerablemente más frío, posiblemente una hoguera no hubiera estado de más... Pero lo cierto es que raramente podría haber disfrutado más de la lectura.

 

Elura es el relato que da arranque al libro ‘Relatos de Nogroz’.

Cuando uno da comienzo a un proyecto, en el mismo instante que una aventura saborea las mieles de los primeros tecleados, en verdad siempre hay un considerable trabajo previo ya fraguado. Ya sea a través de noches en vela con el subconsciente y la mente en ebullición, mediante brainstormings que exprimen tanto a aliados para la causa como a uno mismo o gastando litros de tinta en planificaciones exhaustivas, la figura del inquieto escritor suele aterrizar en las primeras páginas de su novela con actitud radiante y aspecto algo demacrado.

 

Por todo ello me arranca una sonrisa el haber estado al lado de Arlen, primer personaje con el que Edgar Montserrat habilita vínculo y plasma cercanía. Un tipo temerario a todas luces, que encuentra en su resolución e improvisación dos grandes bazas para acompañar su flamígero espíritu. Una pasión que enseguida efectúa un acertadísimo contraste con el escenario gélido inicial. El Bosque de los Susurros, fronterizo entre Kendra y Numorgo, va a poner de buen comienzo muchas cosas sobre la mesa. Y todas son tan buenas como de bella factura.

Leer las primeras páginas de esta obra deja clarísimo lo bien trabajado que va a estar el mundo en el que se va a desarrollar la trama. También, que la narrativa va a mecer la lectura mediante una factura excelsa. Finalmente, y no menos importante, que estamos ante una creación con claras señas de identidad por parte de Edgar. Porque me ha gustado mucho su propuesta en cuanto a equilibrar acción y descripciones, pensamientos y diálogos, cliffhangers e historia.

 

Elura me ha parecido un relato homogéneo, adictivo, crudo, bello, profundo y sorpresivo a partes iguales.

Sí que puede que tenga tres grandes bloques constituyéndolo, como serían la batalla en la que se trata de hurtar la gema, el interrogatorio de posterior condena y casi ejecución y, claro está, el inesperado (al menos para mí) y espectacular tramo final. Es posible que todo haya sido un ejercicio en el que el autor quiso en todo momento dar un golpe sobre la mesa, y en la cabeza del lector, a la hora de girar argumentalmente su historia. 

No obstante, como vengo diciendo de buen comienzo, si este relato me ha brindado una maravillosa madrugada de lectura a fuego lento, es porque rezuma buen hacer en la totalidad de los aspectos que uno podría detenerse a sopesar.

Así pues, puedo afirmar que he estado en ese bosque de Kendra, ante la misteriosa e imponente presencia de Bahirba, he viajado a Jonamar, volado hacia Fellnar y sentido los diferentes grados de conexión que Arlen ha experimentado a lo largo de las sesenta páginas que mide Elura.

Me ha encantado cómo se presentan las relaciones entre personajes. La forma en que se tratan, las vías de exploración usadas para ello y la evolución a la que en todo momento van sujetas.

 

No sé si es perfecto ni quiero ponerle nota, pero lo que sí siento es lo disfrutable y adictiva que ha sido su lectura, la invitación sutil que deja en la psique del lector para seguir leyendo y, de ese modo, tratar de seguir escudriñando los múltiples misterios que la novela propone.

Por todo esto, doy mi total enhorabuena a Edgar.









 

 

 

Escribir relatos despliega un mapa de posibilidades infinito. En función de nuestra capacidad creativa, las puertas de multitud de géneros literarios se abrirán de par en par. Un abanico desde el cual poder uno picotear, explorar y profundizar a gusto del consumidor.

Edgar Montserrat, en este símil entre la figura del escritor y un adicto a las letras, diría que tiende a decantarse por núcleos argumentales de muchísimo peso. Aunque sin por ello perder la capacidad de envolver y decorar el regalo con estilo, mimo y gracia.

Afirmo esto en presente porque, leída la segunda historia de su novela ‘Relatos de Nogroz’, creo disponer de parte del alma que enarbola su obra. Y la trato de regalo porque creo que cualquier lector que se arrime a estas páginas va a sentir que está ante eso mismo.

 

La trama de ‘Sharhu’, que así se titula el relato que nos ocupa en este análisis, diría que gira en torno a la magia sin necesidad de andarse con tapujos introductorios. Ya en el relato anterior, ‘Elura’, pudimos asistir a un despliegue mágico de lo más interesante y directo por parte del personaje Bahirba, pero aquí el autor riza el rizo presentando no a una maga, sino directamente a una pareja de ellas.

Elena y Kaira van a formar sociedad desde un pasado común en forma de maestra y aprendiz.

 

Presentar a una dupla de personajes unidos por evidentes elementos raíz abre ese abanico al que he hecho referencia al comienzo. Un mapa de posibilidades del que Edgar ha agarrado muchos elementos, de entre los que quiero destacar el contraste psicológico y los diálogos que de él se van a desprender. Así pues, mientras que Elena es una maga de más de ciento cincuenta años a sus espaldas que no sabe muy bien, ni pretende, disimular una personalidad tan resuelta como déspota, tan altiva como decidida y tan segura como impaciente; Kaira va a sacar a relucir una psique que busca mayor empatía, delicadeza y humildad.

Ojo, no son las dos caras de la moneda. Pero sí que se asoman desde el canto a enfoques diferentes en cuanto a lo que el poder del Daité representa.

 

Van dos relatos de este libro y, como lector, ya me embriaga la sensación de que estoy ante algo inmenso y, sobre todo, profundo.

En ‘Sharhu’ vamos a ver desfilar conceptos tan variados como interesantes.

Al propio Daité, que es como se denomina al conjunto de poderes que los magos controlan hasta lograr su total manipulación, se van a sumar psiquiátricos repletos de aquellos que no pudieron resistir la adicción a la droga que supone el estado de bienestar que lleva asociado dicho poder. A la aparición, repleta de suspense, de una colosal criatura venida de las Tierras Oscuras, podremos sumarle audiencias con los líderes de Azed y divertidísimos fragmentos en los que la personalidad de Elena va a resultar ingeniosamente arrolladora.

 

Todo ello nos conducirá a un nuevo final para quitarse el sombrero.

Más explícito, crudo y lleno de acción que el del relato que precede a esta trama, sí, pero no por ello pierde ni espectacularidad, ni dramatismo ni buen hacer.

Es tan abrupto el giro en ritmo y recursos narrativos, que quiero ahorrarme toda descriptiva extra para mantener el aura de la que Edgar Montserrat ha dotado a su segundo regalo en forma de relato.

 

Lo ha vuelto a hacer.

Un envoltorio de arena del desierto, con los lazos de dos nuevos personajes inolvidables.

Lo que esconde os puedo garantizar que vale su peso en oro.

Mi enhorabuena al autor.











 

 

Para alguien como yo, tan interesado desde hace décadas en tramas enarboladas en el marco de la segunda guerra mundial, resultó todo un caramelo dar con multitud de joyas literarias entre las que se encontraban muchas que se adentraban con cruda descriptiva en el seno de los conflictos bélicos.

Quizá por ello, empezar la lectura del tercer relato del libro de Edgar ‘Relatos de Nogroz’, titulado ‘El filo de la verdad’, me aceleró el pulso y dispuso gran concentración extra en mi mente. Pues, si había sido un verdadero placer leer los dos primeros relatos de la novela, esta tercera historia presentaba lo que, a todas luces, suponía un plus. 

 

Ya Edgar había planteado un par de grandes batallas a estas alturas de su obra.

Pero una cosa es ver la acción desde el cobijo de cierta distancia de seguridad, o enfrentar a unos pocos individuos de élite en cuanto a sus poderes y habilidades, y otra muy diferente lanzar al cruel y absurdo caos de la guerra a masas de soldados desesperados por dar con la victoria y su consecuente supervivencia. Además, por si fuera poco, el autor aborda la contienda desde múltiples puntos de vista, como si se tratase de un psicópata que monta un puzle a partir de piezas con alma.

 

Me ha encantado saborear los diferentes tiempos y emociones con los que Edgar Montserrat ha hecho malabares en este relato bélico.

Desde la tensión inicial que puede cortarse con el mismo filo que da título al relato, pasando por la diferente entereza y resolución de las psiques inmersas en el conflicto, que lejos de mantenerse estáticas, van a ir mutando en función del devenir de las diferentes fases de combate.

He disfrutado muchísimo con la especie de vuelo raso y submarinismo en los que el autor ha encontrado un gran baluarte en la misión de dibujar con hiperrealismo su cuadro de violencia, sangre y sinsentido. Porque si algo sí que tiene todo el peso de la importancia, y queda más que claro en ‘El filo de la verdad’, es que cuando la vida de uno se ve segada por los caprichos de lo aleatorio del destino, su valor es incuestionable. Edgar se sumerge en la agonía de la muerte con gran habilidad, causando que el lector, por momentos, quiera salirse a un balcón para sentir el mero placer de respirar. Aunque, como he dicho, también emprende el vuelo, mostrándonos el sentido máximo, el significado supremo, por el que dantescos conflictos como el que vivimos leyéndole adquieren verdaderas metas.

 

¿Son nobles esos objetivos?

Sí y no.

 

Como a Edgar tanto le gusta desplegar, una espléndida escala de grises va anidando en el interior del lector a medida que avanza con ‘El filo de la verdad’. 

Dependerá de cada uno, así como ha sucedido en el curso de nuestra propia historia, asignar calificativos como loable, comprensible o lógico a la búsqueda de un fin mayor que tiñe los numerosos litros de sangre que Edgar vuelca sobre el terreno. O bien declinarse ante lo despreciable de dejarse llevar por el miedo y la cobardía con tal de justificar una injusta guarida.

En mi caso el relato me deja una mezcla de todo ello.

Un gris muy vivo, sin duda.

Seguro que, al menos, los buitres que el autor da como verdaderos ganadores no se le acercarán.










 

Hay momentos en la vida que acarrean una inevitable lluvia de consecuencias a título posterior. Sucesos concretos que, en ámbito literario, parecen hundir la pluma hasta el fondo del tintero. Y, tanto escritor como lectores sabrán que, tarde o temprano, ese recipiente de tinta va a tener que gastarse en plasmar cuanto quedó pendiente. Un ajuste de cuentas con la trama de la historia.

 

En ‘Relatos de Nogroz’ la estructura se presenta aparentemente particionada. Califico de esa forma porque debajo de la apariencia, a alturas de su cuarto relato uno ya puede palpar la presencia no solo de un mundo unificador, sino de mucho elemento común que actúa como nexo. Y de todas esas muestras, la que más adicción e interés me ha despertado, con diferencia, es una puerta que el autor abrió bien pronto, a mediados de su segundo relato.

 

Si ya de por sí la psiquiatría se lleva de directas el foco de mi atención, el hecho de que sea en Nogroz, un mundo de magia y conspiraciones, de dragones y conflictos bélicos, de misterios antiguos y oscuras amenazas, donde se la va a ubicar... Es poco menos que un gran reto el que afronta Edgar Montserrat con ello.

Como he comentado, abrió de par en par esa puerta a inicios de novela, y era tan inevitable como recomendable cruzarla con toda la caballería. Y vaya si lo ha hecho.

 

¿Qué decidirías si pudieses vivir un día, semana o mes, de la marmota durante toda tu vida?

¿Y si encima fuese una feliz representación de lo que más identifica tu corazón como paz?

¿Te plantearías algo? ¿Asumirías sin más la perenne calma a tu alrededor y dentro de ti?

 

Esas son las preguntas que el inicio de ‘Desvelo’, la cuarta de las historias de esta novela, plantea de buen comienzo, a modo de primeras piezas de un puzle mucho mayor. Edgar se va a arremangar y darlo todo en una suerte de narración onírica. Un periplo que nos va a hacer viajar desde ese supuesto paraíso al que hemos hecho referencia hasta los infiernos que una psique pueda tener enraizados en su núcleo más subconsciente.

 

Todo con un único fin, que no es otro que el de plasmar la siempre difícil visión de la locura. Una visión que en Nogroz tenía que encajar suavemente en cuanto el autor llevaba construido, y permitir una grácil conexión con lo que quedaba por hilvanar. O al menos, así lo interpreté yo cuando los primeros compases me mecieron en la más bonita de las estampas de Numorgo, reino de buen hacer por parte de sus campesinos y agricultores. Y así lo seguí entendiendo cuando llegó la bruma oscura y dio comienzo la gran pesadilla.

 

En este relato, más que nunca, Edgar nos invita a sentir y dejarnos llevar.

Ya habrá tiempo para teorizar cuando logremos salir del horror que tan bien dibuja la pluma del autor. La misma que comentaba que nos tenía reservado todo un recipiente de tinta, que el autor emplea en las miserias más sombrías de la psique en este relato magistralmente conducido, planeado con una gran coherencia y finalizado con gran éxito.

 

Es un nuevo acierto en conjunto que llevo leído del libro.

Un ejercicio de gran carga transgresora con lo visto hasta ahora.

Por eso me he quedado tan satisfecho, porque creo que así debe ser toda representación psiquiátrica.

Puntual, explosiva e independiente. Como una implosión súbita en el orden de todo.

Lúgubre, dantesca y desesperante. Como un ancla extraviada hundiéndose sin más.

Y, por si fueran pocos ingredientes, Edgar le añade algo de luz, un hilo del que estirar, para completar un nuevo ejercicio literario fabuloso.

Enhorabuena por todo ello.











 

 

‘La sombra de los Ekuatan’ nos introduce en su trama mediante la estampa de un barco casi fantasma, a la deriva en plena noche y a la luz de la luna. Unas premisas preciosistas, que rápidamente incrementan el hype con el que, como lectores, nos iremos adentrando en su propuesta. En esta ocasión, la acción que de un modo u otro el autor ha ido empleando y dosificando a lo largo de la novela, va a dar paso a una lucha de mentes. 

Ya vimos una al inicio del libro, muy parecida a priori, pero rápidamente aquí la partida mental de ajedrez va a adoptar tonos muy diferentes. Se trata de un juego de disfraces muy bien llevado, donde tanto el recipiente como el contenido gozan de carismas contrapuestos, ante la siempre magnífica recreación de una nueva maga.

Todo ello en un nuevo reino. Y nuevamente, mi sombrero quitándose ante su construcción, detallado y planificación de bellísima factura.

 

‘Alteración’, por su parte, es el relato que cierra la novela de Edgar Montserrat, y el principal culpable de que esta reseña vaya a peinar más ampliamente, y no en concreto, cada uno de sus últimos relatos. Y no se debe precisamente a que sea el peor, ni el más regular, porque sencillamente me ha encantado.

Un soberano guindazo, literalmente, han sido las palabras que he escogido para referirme a este cierre de libro en la lectura conjunta que hemos organizado.

Introducido con técnica narrativa sobradamente mecida por un creciente suspense, lo homogéneo de su estructura se ve enriquecido por fabulosos golpes de ingenio, además de un final sorprendente a todos los niveles.

Una revelación tanto para el relato, como para el libro en sí mismo y todo el mundo construido.

 

Esta primera incursión como autor de Edgar no podía haberle salido mejor.

Todos sabemos que en un inicio se suele pecar por algún lado, montando un escaparate en el que sacar a relucir carencias y hasta algún que otro talón de Aquiles.

Pues bien, Edgar Montserrat se ha montado con ‘Relatos de Nogroz’ un centro comercial completo. Y si todo ha cumplido, las joyas han brillado, el Daité ha fluido y todas las piezas han encajado en un buen hacer general estupendo, todo ello ya nos da pistas claras de la proyección abrumadora que tiene el autor por delante.

 

Muchos son los que en la actividad le han pedido airadamente más creación a Edgar.

Me uno a ellos.

El clamor unánime ante el cariño por una obra y la persona que mora detrás de ella no son meras pistas. Son pruebas. Verdades como puños que apuntan a que estamos ante algo que vale la pena regar y cuidar, porque a buen seguro nos va a regalar lo mejor de su psique y corazón para que en el camino no solo le leamos, sino que podamos viajar tan lejos como él decida llevarnos.

 

Ha sido un placer haber recorrido parte de la senda que debe conducir al artífice de ‘Relatos de Nogroz’ a la base de las cimas donde a buen seguro dará con una emocionante escalada.

Ha sido muy enriquecedor llevar la batuta de la actividad de lectura desde ‘Un universo en palabras’, aunque ya se le veía el plumero al asunto de buen comienzo, y no era otro que el del respeto, la admiración y la crítica constructiva.

No podía ser de otra manera con un libro que, disparando en tantas direcciones, construyendo sin descanso, sorprendiendo y emocionando, ha mantenido una constante en sus más de doscientas páginas.

 

Como si el flujo del Daité lograse entrar en el lector, alejándole de las sombras del pasado, extasiando su presente y endulzando su futuro.

 

Edgar, mi más sincera enhorabuena.











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