viernes, 24 de abril de 2020

Ráfaga al aire por El Proven






No hace mucho tiempo,
Quizá demasiado,
Unos cuatro años atrás,
Me topé con una generosa cola,
A las puertas de un bar.



Las raíces del Proven fueron cerveza barata y mucho rock’n’roll.
También lo fueron juegos de rol, apuesta firme por la literatura y la música en directo.
Pero diría que su sello más característico fue el trato al cliente.
Cercano y sincero.
Duro y realista.

Camaradería esculpida en tierna seriedad.

Allí conocí a algunos de mis actuales amigos.
Una época en la que mi vivienda, ubicada en la mismísima Boca del Infierno, no auguraba la feroz y cruel escalada que habría de vivir. Que habríamos de vivir.


Este es un texto lacrimógeno por mi parte.

Pero también me hace sonreír.
Cuán buena fue la apuesta de un camarero solitario que, de ella, manó una de las mejores épocas de mi vida.
Recuerdo a los miembros de las raíces del Proven como si de una parte de mi familia se tratasen.
La más valiosa de las juventudes, la de espíritu, se alió con el alma de la novedad.
Como viejos que salen al patio como niños, el latido acompasado por los bajos y las guitarras de las nuevas experiencias fue debidamente percutido por su capitán, esa persona que tanta luz es capaz de generar y tan poca logra atesorar para sí.


Su idea le generó tanta adherencia como detractor.
Pero brilló, vaya si brilló, en un estallido de fuegos artificiales por años.

¿Por qué no podemos regresar a eso?
En un mundo que aboga por la reinvención constante, los viejos valores parecen un chiste mal formulado.

Pero yo quiero a los míos.

Allí dejaron su esencia personas tan especiales, tan profundas, que siento el peso del ancla de su recuerdo con sumo cariño.

Las raíces del Proven quizá no crezcan a la velocidad esperada.
Pero, más que estar seguro, deseo de todo corazón que alcancen el rol de árbol añejo.

Por el bien de la cultura, de las balas perdidas que acudimos allí como a un oasis del desierto.
Por el bien de las risas y la camaradería, de la reflexión y el amparo ante la lenta guadaña.

Encerrados en casa como estamos, solo nos queda construir en equilibrio con nuestros pasado y futuro.

En este impás pseudo romántico, positivo y depresivo, miro al inicio de mi escrito, tratando de extrapolarlo al futuro con máxima ilusión.




No hace mucho tiempo,
Quizá demasiado,
Unos cuatro años atrás,
Me topé con una generosa cola,
A las puertas de un bar.





No hay tumbas frente a mí, ni flores en su lápida.

Un chispazo recorre el núcleo de mi mirada enfocada en el futuro.

Las llamaradas que visualizo nada tienen que ver con el fin de lo conocido.
Una vez las raíces del Proven significaron abrazos bajo el calor de la música.

Cercanía respetuosa.
Lágrimas vistas, risas escuchadas.
Vida. Vida inhalada con profundidad.

Quiero que las pequeñas grandes cosas vuelvan.


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miércoles, 18 de marzo de 2020

El reflejo del susurro musical: Que tinguem sort





EL REFLEJO DEL SUSURRO MUSICAL


QUE TINGUEM SORT





Si me dices adiós, quiero que el día sea limpio y claro


Tiempos de guerra.
Acostumbrados a enemigos habituales y riñas que rozan el tedio de la cotidianidad, resulta extraño que la guadaña más temida se disfrace con aparente invisibilidad. Pues si bien la forma del verdadero rival se revela mediante equipos microscópicos, sus consecuencias establecen la urgencia y ansiedad que nos ocupan.
Ahí donde más oxígeno hace falta, el virus ahoga.
Ahí donde más luz en forma de experiencia se arroja, el virus apaga.




Si me dices te quiero, que el sol haga el día mucho más largo

A veces parece que tener un nudo en la garganta sea síntoma de tontería personal.
El gran sistema que nos mueve no tiene piedad ante atisbos de llanto que puedan conducir a ríos de lágrimas.
La falsa seguridad de la rutina que se agarra al mañana.
La encerrona a la que nos conducen nuestros sentimientos es clara: Impotencia ante la incertidumbre. 
Se trata de un escenario que juega a la ruleta rusa con la frialdad, casi, de lo aleatorio.
¿Estarán ahí mañana las personas a las que quiero?




Que tengamos suerte, que encontremos todo lo que nos faltó ayer

Todo ser vivo ha experimentado la noche.
No me refiero al precioso manto de estrellas en el que la luna avive el calor de nuestros mejores sueños.
La noche terrible y fría es aquella que se esconde tras una cruel metáfora. 
Son los días y semanas, los meses y años e incluso las vidas enteras que se viven en vana esperanza, condenadas a un sinsentido que hace mella en alma y corazón.



Que mañana faltará el fruto de cada paso


Asaltados, vemos como el tiempo que nos robamos y se nos roba, nos apremia a contemplar el abismo antes de lo debido.
Es la antítesis de la juventud, esa época donde una cerilla es capaz de alumbrar inconmensurables espacios de oscuridad.
El dulce al que, con el tiempo, se le saborea lo amargo.
La derrota de familias unidas que, más que nunca, añaden a los añejos conflictos la gasolina del distanciamiento.




Por eso, pese a la niebla, se debe caminar


Aunque escuezan los ojos de tanto tratar vislumbrar el horizonte…
Aunque los pies sangren por heridas que tumben el ímpetu a cada paso...
Mirada limpia y paso sincero.
Por el pasado, por esos buenos momentos que debemos atesorar para inmortalizarlos ante cualquier tormenta que ansíe borrar su huella.
En el presente, en el cual pese al silencio de una sala de máquinas mundial moribunda, aún persiste la música nacida de los sentimientos.
Hacia el futuro, porque amanecerá un nuevo día, quizá no con todos los que debiéramos estar… Pero sí con los lazos inmortales de aquello que más nos honra: Las emociones que nos despiertan aquellos a los que más amamos.




Una vez soñé con un País de Nunca Jamás frondoso y eterno.
Pese a que se me escurre entre los dedos, quizá todo radique en sentir su flujo.
Equilibrado y puro, venido del mismo manantial de vida del que todo emerge.

Que nos toque a todos.
Que tinguem sort.


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jueves, 2 de enero de 2020

El llanto vikingo






El llanto vikingo.
Decían que no había nada peor para ellos que escuchar el lamento en forma de cascada de lágrimas de sus cónyuges, en el mismo instante en el que la guadaña segaba sus vidas.

Pues bien, no es que ninguna guadaña esté segando mi existencia más que la de mi propio suicidio. No es que con especial intensidad nada me esté recordando la miseria de este sinvivir.
Es simplemente que todo sigue igual.
Igual de mal.

Esta carta abierta no va para los novatos en la materia.
Esos a los que he torturado en un ridículo extendido. En un vano intento por rugir, como un tigre enjaulado al que tras años de sufrir heridas mortales decide contraatacar. En un vano intento por alcanzar el hogar, como un elefante cuya hija quedó huérfana en tierras hostiles y se ha visto obligado a hacer piruetas para las masas. En un vano intento por defender a figuras de todos los ámbitos, jokers y superhéroes, aislados sci-fi y condenados vampíricos.

Todo ello desde la manía bipolar.
Desde la cúspide maníaco depresiva.

Dicen algunos -los que más me conocen-, que no tengo perdón. 
Que es algo más que voluntario.

¿Qué sabrán?

¿Auguran acaso el hecho de que pagaría miles de mis futuras vidas por hipotecar lo que resta de esta en volarle la cabeza a cualquier hijo de puta?
Porque así es.
Si a cada enfermo mental nos entregasen una sola arma con un disparo, el mundo sería un lugar mejor.
Porque no existe el ser transmutado por el dinero.
No existe lotería que con su maquillaje oculte las llagas de un alma putrefacta.

Años ha yo pensaba en las fiestas navideñas como algo sanador.
Algo blanco como la puta nieve que nunca pisaba mi pueblo.
Algo benigno antónimo a la puta escoria que rodea mis calles cercanas y lejanas.

El grinch me llaman.
Jack Skeleton y Sparrow.
La perla negra eran mis pisos.

Es hora de rugir en un gorgoteo de sangre.
Es hora de mirar al gran y afilado cuchillo como lo que es: Un noble diente de tiburón.
¿Quién ganará la batalla final?

Solo sé que al tigre quieren medicarle.
Solo sé que al rugido lo quieren mermado.
¿Será que le temen?
¿Será que el ser humano no soporta la cercanía de la verdad?
En cualquier caso el tigre ni siquiera tiene ganas ya de vivir.

En el zoo de la vida solo hay espacio para el necio, éxito para el egoísta y reconocimiento para el puerco.

Así no...
Así no..
Así no.

Buenas noches País de Nunca Jamás.
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