INTRODUCCIÓN Àngels estaba segura. Lo estaba del todo. Verdis había existido justo donde pisaban sus pies. Sabía que se trataba de una ciudad extinta, pero también era consciente de que todo lo que vive deja un rastro. Y si incluso una luciérnaga encontraba un eco en el irradiar de su luz, algo tan espectacular como debió ser Verdis, a buen seguro, debía haber dejado cuanto menos unas buenas ruinas. Sin embargo, no quedaba nada de nada. El bosque lo había reconquistado todo. Se lo había comido entre sus mandíbulas de rama y masticado a conciencia con su pétrea dentadura. Por un momento, se sintió tan cansada que tomó asiento sobre un gran tronco. Meditando en torno a la luciérnaga a la que su psique acababa de hacer referencia, Àngels no tardó demasiado en ver llegar las primeras comparaciones y asociaciones. Las apartó enérgicamente. Tanto las odiaba. Aunque una pregunta quedó morando frente a las puertas de su consciencia, revoloteando incómod...