Todos juntos tumbados sobre la gravilla del gran campo de fútbol. La noche profunda reinaba cuando un joven posó su mirada en la rubia melena de su acompañante más cercana. La reconoció al instante. Tenía esa capacidad con la que un simple mechón de esa dama le hubiese servido para rastrear su identidad. Y no solo la actual. Décadas atrás debió ser una mujer despampanante, y lo cierto es que aún conservaba belleza tras sus arrugas y una deliciosa silueta. Aún adormilado, dejó caer su mano a los cabellos de su acompañante, que rio traviesa. Alzó su cabeza para mirar al joven, y en cuestión de segundos se revolvió para abrazarse a él. — Algún día me tocará a mí… —A la espalda del chico, una segunda mujer, más joven y obesa, parecía sumarse a la fiesta, puesto que el joven se descubrió recostando su cabeza en la entrepierna de ésta. La sensación era agradable. Viejas conocidas para él, aquellas dos chicas le otorgaban la sensación de pertenencia a un extraño hogar. No ...