viernes, 8 de marzo de 2019

Cazando instantes de paz


Me encuentro con los pies firmes sobre la tabla.
Una ola de generoso tamaño impulsa mi marcha.
En mi interior, una olla a presión exhala por donde puede una vaga promesa de lo que en realidad alberga en su interior.
Fuera, sin embargo, lo que se ve es una radiante sonrisa que parece conquistarlo todo.

El día es soleado y me encuentro en un entorno paradisíaco.
Donde casi me comen los tiburones en el pasado, cierto, pero no por ello la salvaje visión de los bosques de posibilidades que aguardan en la orilla pierde ápice de belleza.
No obstante me he decidido a apurar lo que resta de jornada en surfear algunas olas más.

La hipomanía bipolar es, cuanto menos, garantía de un alto nivel de actividad.
Luego de uno dependerá en qué se emplee el tiempo y la elevada cantidad de recursos que nuestra mente nos pone sobre la mesa.

No hace demasiados años que me imaginaba dialogando con un mar embravecido, que rugía a través de una espesa niebla mezclada con la espuma de su furioso oleaje.
No hace demasiados meses que esa visión se hizo realidad, en unos duros años de exilio forzado que aún actúan de ancla para mi alma.
Ese es el dibujo y no otro.
Una mente que propone la construcción de un cohete para lograr volar.
Un alma que actúa de contrapeso a las ideas que manan.
Y una tabla, una simple pieza de humilde madera naranja como el fuego, que nos permita surcar la línea de espacio entre esos dos extremos.

¿Cuántas veces me habré caído en el pasado?
Una caída puede antojarse dolorosa para el lector, pero… De añadir seres marinos carnívoros tan hambrientos como las sombras que pueblan la existencia, ¿No es cierto que la tesitura adquiere gran gravedad?
Psiquiátricos que te atrapan por años.
Depresiones que apagan las luces.
Abismos en los que perder la noción de lo caído.

Mi sonrisa se erige bajo una mirada cansada e ilusionada.
Sinceramente, si mi fin anduviese cerca, en cualquiera de sus formas, todo habría valido la pena.
Porque la espuma fresca del mar salpica mi rostro mientras adquiero velocidad sobre todas y cada una de sus olas.
La sensación es de puro rock ‘n roll.
Las emociones, contenidas, gritan la letra de la canción.
El corazón, a la batería, sigue un ritmo en permanente ascenso y descenso.
Y a la guitarra, como no van, mis manos, radiantes por reencontrarse con el querido teclado.    




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miércoles, 2 de enero de 2019

RESEÑA DE 'EL SÍMIL: DÍA DEL LECTOR' (J.Carlos Fernández)







por J. Carlos Fernández





¿Quién dijo que hacer reseñas es fácil? Bueno, en algunos casos si que lo es, o lo parece, y en ocasiones puede incluso dar la impresión que se pasa un poco por encima de la obra con el consiguiente desespero del Autor. En este caso y en el momento de poner en orden las ideas para reseñar este estupendo trabajo de Víctor Fernández, autor también de innumerables relatos, un libro de fantasía ( Mago ) y, sobre todo, trabajos profundos y reflexivos en el ámbito de la salud mental como son La Cabaña y La Taberna, los cuales ya tuve el placer de reseñar en su momento.
                
He tenido conocimiento de este trabajo desde sus inicios y después de leerlo una primera vez me enteré de la iniciativa de lectura conjunta < aplausos para ella > así que he preferido acometer una segunda lectura aprovechando estos días y cazar esos típicos detalles que muchas veces pasas por alto inadvertidamente.
                
La estructura del libro está basada en historias individuales que nos conducen a escenarios recreados en una serie de espléndidas películas que han marcado época en el transcurso de estos años pasados. Lejos de explicar o copiar sus argumentos utiliza magistralmente sus escenarios para situar ahí a sus protagonistas hilvanando sus vivencias y vicisitudes. Dejo a los lectores el descubrimiento de esos filmes en los que se basan y que están muy fielmente recreados.
               
Una primera historia magníficamente ambientada nos lleva al horror de una guerra fiera y cruel donde las fuerzas del mal arrasan y queman todos los confines de un reino haciendo recular a los supervivientes a una fortaleza donde se desarrollará la última y definitiva batalla. En este caso el protagonista es Tylerskar y su eterno enfrentamiento con el Monstruo, con los niveles de crueldad y desasosiego que normalmente acompañan a esos encuentros ya plasmados en otras obras del Autor.
                
En la segunda historia aparece un nuevo personaje femenino < Rebeldía >, una, o por lo menos así me la imagino yo, espléndida mujer que se cuela en el fabuloso elenco de personajes que asiduamente acompañan a Tylerskar en sus aventuras y desventuras. Rápidamente nos percatamos de la fuerte personalidad de este personaje y del propósito firme y decidido que se ha marcado, la derrota del Monstruo , ese Ente que una y otra vez aparece destrozando todo lo conseguido por Tylerskar y lo devuelve al principio de un camino cuesta arriba que parece no tener fin. Rebeldía se une así a los ya conocidos y emblemáticos acompañantes de Tylerskar que ya en otras obras del Autor nos han deleitado como son Experiencia, Resolución, Rectitud, Conciencia, Esperanza, ilusión y alguno más que seguro me dejo en el tintero. Dura, fría y reflexiva Rebeldía acomete su andadura vital en las historias que conforman esta obra.
                
Es al final de cada historia donde los símiles nos recuerdan la carga psicológica y la relación de la obra con el mundo de la salud mental aunque en los relatos rápidamente se puede intuir. Sin embargo, y a diferencia de otras obras del Autor, el desarrollo de las historias conforman un escenario propio y singular haciendo de su lectura un proceso atractivo y ágil. No solo eso, las historias consiguen despertar un desfile de sentimientos y emociones que te integran en ellas, haciéndote partícipe de las vicisitudes de los protagonistas. Es difícil no enternecerse cuando los protagonistas de las desventuras son niños y aquí hago una mención especial a la historia de Joel y Tyla, una historia con una narración exquisita.
                

No voy a explayarme más en la recreación de las historias. Este es un libro que recomiendo especialmente por muchos motivos, entre los cuales está la magnífica descriptiva escénica. La prosa está especialmente cuidada y sin perder profundidad consigue ser amena y que no te cueste ir hilvanando la trama subyacente. Es aleccionador observar como el Autor con el paso del tiempo gana enteros y se sitúa en un nivel equiparable a escritores de talla mundial.
                 
Dejo para el final el tema que abordan los símiles. La salud mental, más concretamente el trastorno bipolar, y como sus diferentes fases afectan en el transcurso de la vida. El Autor ya ha recreado este tema profunda y brillantemente en sus anteriores obras “ La Cabaña “ y “ La Taberna “, la diferencia estriba, a mi entender, en su conocimiento mucho más profundo de las particularidades del trastorno y de cómo afecta sobremanera en sus diferentes fases los procesos creativos y vitales. Es pues un libro que interesará mucho a los espíritus inquietos y a los lectores que quieran profundizar en el mundo de la salud mental en todas sus perspectivas, puesto que da claves y explicaciones que pueden servir de ayuda en muchos ámbitos. Pero asimismo este es un libro para lectores que quieran disfrutar, en mi humilde opinión, de un trabajo brillante y ágilmente ejecutado.
                

En definitiva este es un espléndido libro donde salen a la luz los resultados de la fantástica progresión literaria de Víctor Fernández al que aprovecho para felicitar sinceramente y cuya lectura recomiendo sin ninguna duda.
                
Saludos!!

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lunes, 29 de octubre de 2018

Reseña de 'La taberna: Una libreta para el recuerdo' (Eva Gavilán)





RESEÑA DE 'LA TABERNA'

por Eva Gavilán

Para leer la reseña en Goodreads sigue este enlace



Desde el prólogo quede enganchada. Si la cabaña me inquietó la taberna me hace arañar la esperanza.
Joel se ve ungido en esta entrega por el don de la ubicuidad. Su mente lo transporta al lugar adecuado en el momento preciso. Ahí donde debe encontrar las respuestas que busca incesante. Joel se daña a si mismo a través de sus notas, de sus sentimientos y su fuerza de voluntad. Hurga en el pasado y escudriña el futuro jugando su propio laberinto y guiando al lector al final anhelado.
El símil de la anaconda acechando su integridad y la ayuda de sus muletas en forma de los mismos personajes de la cabaña nos dan a entender que el apoyo lo consigue a base de su fuerza de voluntad. El escritor aflora defendiendo su propia determinación
Etapa de catarsis. Auto conocimiento y auto curación. Determinación y conocimiento de los factores externos e internos que perturban la tranquilidad y el sosiego.
Cuando comienza en la historia la parte biográfica abierta y sincera la angustia del lector se ve recompensada por los logros del escritor. La transformación que sufre llenando espacios con actividades productivas, con creatividad e inventos, son la parte interesante del problema que se va superando.
La certeza de que la tormenta volverá a aparecer hace que ubiques el faro que te va a iluminar cuando llegue el momento de aferrarse a La Luz que te conducirá a puerto seguro. Sabia reflexión.
El autor juega en primera persona, salta hablando en tercera. Surgen consejos dentro de la historia, vivencias, reflexiones. Va y viene transformándose en víctima y protector. Bañándose en bálsamos de conocimiento definitivamente esa es la clave conocerse a sí mismo y desmenuzar sensaciones, temores, fijar metas y alcanzar proyectos. La escritura, el verbo, la palabra hacen navegar a Víctor, a Joel y a los personajes *intangibles* por el mar de la esperanza.

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