martes, 19 de septiembre de 2017

Reseña de 'La cabaña' (Thelma García)




RESEÑA DE 'LA CABAÑA'

por Thelma García

Para leer la reseña en el blog de Thelma sigue este enlace




NOTA DEL AUTOR

Thelma García y yo hicimos topar nuestros caminos vía redes sociales. Aunque eso fue después de que cruzásemos comentarios en un blog que no me voy a cansar nunca de recomendar.
Su Escritorio del búho es lugar de entrevistas y reseñas, cuya capacidad analítica filtra el destripe de la obra página a página para entregar al internauta un espléndido manjar que entra por la vista y cala en el interior.
Para primeros de diciembre de 2016 le tocó el turno de ser reseñada y expuesta a ‘La cabaña’, la primera y no solo por ello más especial de las novelas que he publicado. Esta afirmación la mantengo debido a la alta carga autobiográfica que lleva, ante la cual Thelma mostró tales respeto e incluso cariño que no puedo más que agradecer de todo corazón el trabajo que llevó a cabo reseñándola.
El huracán de la psicosis me mandó al infierno y han tenido que pasar seis meses para que coja el timón de mi nave y, en mis primeros pasos, publique en mi morada todas las joyas que han ido surgiendo en estos meses quedando aparentemente atrás.
Nada más lejos de mi intención.
Aquí tenéis la reseña de Thelma y su búho como prueba de ello.


No dejéis de visitar su blog, recientes reformas lo hacen lucir aún más elegante...
¡Un abrazo compañera!





RESEÑA


Hoy les traigo la reseña de un libro que en lo personal me fascinó, me maravilló la capacidad del escritor de plasmar en letras su visión de la vida, pensamientos que podrían parecer caóticos, psicóticos en ocasiones, cobran sentido y van dando forma a un mundo interior. Si bien se parte de la premisa que es una retrospectiva autobiográfica, el desarrollo de la historia se convierte en un viaje increíble por las diferentes etapas de la vida de una persona.

Con una estructura muy peculiar, conformada por doce capítulos y quince anexos que si se leen como recomienda el autor, intercalándolos, redunda en una lectura que se disfruta mucho.

Con una narrativa preciosa, delicada, llena de matices, el autor nos lleva a conocer a sus personajes: niño, adolescente, hombre, viejo y una niña misteriosa, en el escenario de una vieja cabaña donde, de una manera impresionante, un hombre permite que el lector entre a su mente, que recorra junto a él los caminos que en muchas ocasiones lo llevaron a estar al límite.

Se permitió darle forma física y convertir en personajes a situaciones por demás abstractas, como la ilusión, la esperanza, el miedo, la responsabilidad, la consciencia, la valentía, etc., permitiendo que interactúen, si bien ésto podría parecer extraño y complejo, al leer es sumamente fácil identificarnos con muchos de los pasajes.

La lectura, como ya mencioné, la hice como me recomendó el autor, intercalando capítulos con anexos, los cuales debo señalar son preciosos, intimistas, dan una visión clara del mundo de un hombre que sufre transtorno bipolar, que tuvo que pasar por muchas cosas, situaciones incluso aterradoras, encierros clínicos, alcoholismo, antes de poder levantarse, pero que sin embargo lo consiguió y sigue adelante. El último anexo es absolutamente hermoso, rara vez algo me ha conmovido tanto como su lectura.

Un libro que vale la pena leer porque no es en ningún momento un libro con tintes dramáticos, a pesar de los pasajes duros que encierra, es entrar al mundo, al alma de una persona que intenta en palabras explicar y contar su historia, surgida desde su entraña, de su esencia; es una narración que en momentos, ante su complejidad, se podría pensar que es totalmente ilógica, pero que, si se lee con atención, se podrá entender que en realidad encierra toda la lógica y congruencia que muchas veces no nos permitimos tener.

En una de las lecturas que más he disfrutado, que me conmovió, me asustó por momentos, porque es muy fácil verse reflejado en las situaciones que narra, pero sobre todo que me hizo entender que la mente de cada ser humano es un mundo complejo, increíble y fascinante, no importa si se padece bipolaridad o se es "normal", todos en cierto momento hemos pasado por situaciones que nos ponen a prueba; la diferencia es que quizá, al menos en mi caso, no se tenga la capacidad de plasmar en letras de manera tan fehaciente nuestro pensamiento.

Una excelente recomendación de lectura, no mencionaré en esta ocasión género, creo que es un libro que vale la pena leer, sin importar nuestras preferencias literarias.


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domingo, 17 de septiembre de 2017

Reseña de 'La cabaña' (Kiera Reads)




RESEÑA DE 'LA CABAÑA'

por Kiera Reads

Para leer la reseña en el blog de Kiera sigue este enlace





NOTA DEL AUTOR


Conocí a Kiera al leer sus satisfechos comentarios en mi primera colaboración con R. Crespo ‘Un ritual en la taberna’.
Eran tiempos felices para mí, pues por circunstancias personales apoyadas en el abandono del alcohol y una descompensación de mi trastorno bipolar, me encontraba en la cresta de la ola.
Siempre recordaré con cariño todo cuanto aconteció, pese a que el final resultase un tanto trágico para mi persona, con un ingreso psiquiátrico aguardando como nefasta guinda a un pastel preparado con mimo.
Poco antes de que tal hecho aconteciese, Kiera se puso en contacto conmigo para anunciarme que tenía prácticamente lista la reseña que nos ocupa.
Al respecto no solo quiero recordar lo preciosista de su blog Kiera Reads, sino que también debo decir que se trata de una reseña que me llenó de ilusión y empuje. La cabaña es la entrega más laberíntica y pesada de la saga Identidad, y descubrir que una lectora como ella la ha disfrutado tanto me llena enormemente. Esa ilusión, ese empuje, siguen intactos aguardando el momento de regresar al teclado para abordar la tercera entrega de la serie.


Con compañeros de viaje como Kiera el camino se torna en cierto modo más agradable.



RESEÑA


Mi interés por esta obra comenzó al leer el relato 'Un ritual en la taberna' en el blog de R. Crespo. En este relato se encontraban los protagonistas de dos obras: por un lado, Olivia, la protagonista de Ritual escrito por R. Crespo –que ya está reseñado en el blog–, y Joel de La taberna: Una libreta para el recuerdo de Víctor Fernández García. Este último no lo conocía, pero me llamó mucho la atención por los elementos que formaban parte de este relato, así que no dudé en darle una oportunidad al primer libro de la saga cuando el autor se puso en contacto conmigo. He de decir que no tenía muy claro con lo que me iba a encontrar, así que iba un poco perdida, pero la lectura, aunque curiosa, ha resultado ser muy gratificante.

Niño, Adolescente y Hombre llegan a la cabaña guiados por una niña que habita en el bosque. Allí se encuentran a Anciano, el dueño de la cabaña, que parece entender muy bien lo que les atormenta a estos tres personajes. Estos cuatro personajes junto a Miedo, Temerario, Esperanza, Ilusión, Consciencia, Rectitud, Experiencia, Resolución, entre otros, se embarcarán en un viaje difícil de olvidar. 

La narrativa del autor no es para nada sencilla, todo lo contrario, hubo ocasiones en las que tuve que leer varias veces el mismo fragmento porque no me estaba enterando de lo que estaba leyendo, y eso ha hecho también que vaya mucho más lenta en la lectura, aunque, tengo que reconocer que, no he elegido la mejor época para leer una obra con estas características. Como ya os habréis dado cuenta, ninguno de los personajes que he nombrado cuentan con un nombre propio, y tampoco cuentan con una gran descripción física, sino que en esta obra la importancia está en la psicología de los personajes. Pero, sin duda, lo que más me ha gustado ha sido la realidad de la propia obra. Nos metemos de lleno en la mente de una persona con trastorno bipolar, una enfermedad que es muy fácil juzgar desde fuera pero que, una vez que te metes en la mente de alguien que la sufre, cambia tu perspectiva completamente. Es una lectura en la que, al principio, te puedes sentir desorientado, pero poco a poco las cosas van encajando y vamos entendiendo a los personajes, e incluso se puedes llegar a un punto en el que no sabes qué es real y qué no. 

Esta obra está compuesta por doce capítulos narrados en tercera persona, que pueden hacer pasar perfectamente a esta historia como un relato; pero, de la trama también forman parte quince anexos, algunos narrados en primera persona, otros en tercera, indispensables para la historia, y que deben leerse según nos vayan indicando durante la lectura. Tengo que decir que esto me incomodaba un poco... Los anexos son la parte más compleja de la historia, así que no voy a negar que cuando acababa un anexo respiraba tranquila sabiendo que podía relajar mi mente –ya os digo que esto es culpa mía, los exámenes nunca son buenos acompañantes de este tipo de lecturas–, así que cuando había que leer varios nexos seguidos paraba automáticamente la lectura, a modo de descanso, porque era necesario. A pesar de esto, ha sido una lectura que he disfrutado mucho, y que, aunque al principio pensaba que me iba a costar entenderla, llegó a un punto en el que estaba tan metida en la trama que no podía parar de leer. 

En definitiva, La cabaña es una historia que nos permite meternos en la mente de unos personajes que sufren una enfermedad muy compleja, un torbellino de emociones que se transmiten al lector de una forma muy real; y que hacen de esta una lectura inolvidable. Sin duda, una trama que no solo leerás sino que también vivirás como si fueras uno más en esta emocionante historia. 


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domingo, 3 de septiembre de 2017

El momento es (Ahora)




Parte I


Lo que más admiro de ti es… La tranquilidad y paz que me transmites.


En un universo paralelo, la chica delgada le tiene medio enamorado.
No se permite mucho más, pero esa joven con su niña esperándola en casa supone para él demasiado.
Se deshace en elogios íntimos cada vez que los recuerdos a su lado surcan su mente, aterrizando en su corazón.
Él lo nota, percibe a la perfección la gran intensidad de sus emociones, sobre las que edifica sus sentimientos.
Sentimientos quizá banales, puesto que esa piel tostada presidida por una negra melena… Es su terapeuta referente.
Así es su coraza, aparentemente fuerte, aparentemente frágil, dependiendo de por donde la mires. Sin embargo, haga lo que haga, él siempre acaba recordando cómo fue recibido la primera vez que sus caminos se cruzaron en un hospital. El abrazo. El gran abrazo. El inmenso abrazo que cubría todos y cada uno de los baches donde su carrocería casi pierde el total de su estructura.
En ese universo, la joven Ogal y Joel incluso estuvieron juntos en casa de éste. Pudieron hablar lejos de la problemática relacionada con el hospital, y Joel no se cortó.
En ese universo ambos conocen los sentimientos del otro.
En ese universo hay bailes cada día tanto en el hospital como fuera de él.
En ese universo Joel sonríe… Verdaderamente muy a menudo.
Porque ve y siente cómo es correspondido en sus actos, cómo le llena tener detalles aunque éstos no se apilen en ninguna montaña de la que sacar partido alguno.
Tan solo se trata de mantenerse vivo, respirando, hasta la siguiente oportunidad de…


Vivir el momento.
En nuestro universo, Víctor escribe estas líneas centrado y habiendo hecho una cura de sueño importantísima. Stela trabaja y él aguarda su llegada como agua de mayo. Pero no es mayo. No. En mayo se arrastraba hasta arriba de cannabis y alcohol. Estamos en una fecha significativa que la meteorología ha tenido el capricho de acompañar con un clima tirando a frío. Se trata del primer día de septiembre.
El escritor, habiendo hecho su mapa. La araña, con su tela preparada.
Son tiempos de cambio… Pero para bien. Toca sonreír a la siguiente página que llega, mientras quizá, solo quizá, en ese universo paralelo algo cambie. Quizá Joel encuentre en el caos de su mente el freno a su montaña rusa emocional.
Sólo lo necesario para sincerarse con Ogal y consigo mismo.
Sólo lo necesario para acariciar tanta belleza y permitirse seguir su camino.
Sólo lo necesario para fundirse en un abrazo de proporciones a medida con ese maldito año.



Parte II


No me tengas miedo…


Se abre la puerta de la doctora Hamp por enésima vez. Víctor sale de allí algo cabizbajo.
Meditabundo al cien por cien, se sienta medio dejándose caer en el cómodo sillón en el que se hunde su cuerpo mientras emite un quejumbroso sonido. Se siente fatigado mientras mira su reloj.
Las 11:30. Ha estado casi dos horas con Hamp.
¿Cómo no le va a tener miedo?
Evidentemente si llega a ese lugar como un toro de miura, poco se podrá hacer más que poner los pies en el suelo al trastorno y desear buena suerte al paciente.
Pero, ¿Y si quién ingresa muestra posibilidades verdaderas de llevar una vida equilibrada?
¿No sería lo más lógico trabajar en esa dirección a muerte?
Muerte… esa palabra tan prohibida, tan morbosa.
Los pensamientos obtienen fugas en Tylerskar, que se permite el lujo de lucir su sonrisa en la sala de espera.
Entonces Víctor se escandaliza.
El conflicto tiene lugar y, tan pronto como se llama al orden a esa cabeza salvaje, ésta obedece.
Entonces Víctor comienza a recordar cada momento de la visita, con el fin de registrarlos en su memoria. Y vaya si da de sí una visita con Hamp.
Lo más importante no es la escenificación, ni el entorno agradable. Ni siquiera la medicación con sus cambios e incontables efectos secundarios horribles.
Lo más importante para Víctor es sin duda esa psicoterapia que tan encarecidamente le recomendaron en el pasado y tanto tiempo ha tardado en efectuar.
La doctora Hamp quizá no fuese como la joven embarazada, Lya, que le dio impulso para dejar de beber. De hecho, piensa Víctor, también le dio alas, cosa que como ha comprobado no se debe hacer a menudo con una persona maníaco depresiva.
Hamp no es así. Ella remueve con tacto aquello que en tu interior forma un pozo. Unas veces tomando la iniciativa y otras permitiendo que el curso del pensamiento fluya hasta donde tiene que fluir, extrae algo, lo mira, lo pule, y te lo entrega para hacer lo que estimes oportuno. Pone su confianza en ti.
Víctor, adormilado, relaja los músculos de su cuerpo y todo ennegrece, menos una escena… Una escena que le resulta extrañamente familiar.


EXTRACTO DE LA LIBRETA DE JOEL


Hoy he bromeado con Itu acerca de muchas cosas y lo hemos pasado en grande.
Ya sabía yo que fuera de la unidad de agudos las cosas tenían que ser diferentes.
Al menos, cuando la llamaba estando estable se ponía muy contenta…

Silencio


Hoy he podido dormir bien, ni más ni menos horas de lo normal.
Estoy casi seguro de que me salvo de la Unidad de Agudos.
Escribo en un dispositivo estupendo que me va a salir bien caro.
Silencio


Tengo miedo.
-- ¿Por qué, Joel?
¿Dónde estamos?
-- Estamos en tu cabeza, en un despacho, la tienes delante.
Sal de mi despacho.


---------------------------------------------------------


Cuando parece que Joel va a actuar, a Víctor casi se le sale el corazón del susto. Un leve toque de un paciente colega en su hombro bastó para sacarle del sueño y hacerle brincar.
Antes de salir a fumar, Víctor quedó revoloteando cerca del despacho de Hamp, a ver si podía formular la pregunta. ¿Por qué querría ella que saliese de su despacho?
Unas horas después regresaba en bus a las tierras costeras en las se erigía su casa.
Al parecer la doctora Hamp confiaba tan plenamente en el tratamiento que Víctor, y nadie más según ella, con mantenerse sobrio y seguirlo junto con las horas de sueño adecuadas, lograría emerger sano y salvo de la crisis.
Mientras por la ventanilla Víctor veía pasar las primeras playas donde tan feliz había sido un año atrás, dejó ir un leve pero prolongado suspiro.
Quería a Joel para plasmar a una psiquiatra que atendiese vía móvil si fuese necesario.
Quería vislumbrar esas visitas unas veces en el despacho otras en una cafetería.
Quería estar en la vida de Hamp, y que ella lo estuviese de él y su familia.
No obstante, esa no sería Hamp.
De modo que por respeto, por lógica… También debía dejarla ir.



Parte III


La quieres mucho… ¿Verdad?


La pregunta queda en el aire.
Es tan retórica que él tan solo puede devolverle a esa joven terapeuta una sonrisa. Ella la atrapa para sí poniéndose en pie y dándole un fuerte abrazo. Se llama Jezabel.
Antes de aquello, sin embargo, hubo todo un carro de momentos que Víctor no sabe bien del todo si ella recuerda. Algo le dice que, pese a la cantidad de trabajo ininterrumpido, ella conserva la semilla de toda persona que haya pasado por allí. El secreto para hacerla remontar.
Uno de esos momentos fue el intercambio de miradas que se lanzaron, entrelazándolas en una misma trayectoria hasta que tanto Joel como Tylerskar, así como su arquitecto Víctor, quedaron atrapados en el brillo oculto en esos ojos marrones. Jezabel parecía detener el tiempo, pero no como una anaconda trabajando su presa, sino más bien como una idea imposible, perturbadora y plagada de ensoñación a partes iguales…




EXTRACTO DE LA LIBRETA DE JOEL


Mi mejor amiga, casi mi hermana, se encuentra hoy esperándome en algún punto de la plaza central de un poblado cercano a mi vivienda perdida en un paisaje de calas.
Escribo estas líneas en el autobús que ha de conducirme ante su compañía.
Las últimas veces que hemos quedado lo hemos pasado en grande. Superado el bache del alcohol y recuperando buena parte de mi identidad, ella no deja de apremiarme a seguir en la misma dirección. Por mucho que las olas zarandeen la embarcación de la que dispongo.
Siempre hablamos de Stela. Es uno de mis pilares, y siempre trato de recordarle a Jezabel lo importante que es ella también para mí. Lo relevante que supuso el que nuestras manos tendidas se uniesen más allá de los muros que forjan la frontera entre lo terapéutico y una amistad cuyas raíces no se vean cortadas a partir de cada arremetida mental.
Se que soy privilegiado.
Mientras dos sonrisas cómplices se cruzan al ocaso de un día de risas, emociones, cariño y respeto, justo antes de la siempre amarga despedida, ella lanza su pregunta.


¿La quieres mucho… Verdad?


Lejos de esa situación imposible, aunque con dos libretas en blanco frente a él.
Víctor, dispuesto a encenderse un pitillo, desplaza sus dedos sobre las teclas de su ordenador.
En una nublada mañana decorada con un jazz suave de fondo, se dispone a dejar ir. Es el turno de Jezabel, y la melodía del saxo es tan conocida que el escritor canturrea.
Los síntomas, los efectos secundarios de lo que toma, son tan exagerados que en ocasiones casi llega al pánico. No obstante, tiene los dos pies en la realidad. Ese pensamiento le saca del universo de la mirada de Jezabel, permitiéndole mirar a Stela, capacitándole para agradecer a su familia todo el apoyo y la preocupación mostrados.
Mucha luz para tiempos que han causado estragos en su interior, así como en su mente.
Y la quiere.
Verdad.
Gracias, Jezabel…


Parte IV


Me lo has notado…
Dijo sin más, mirando por un segundo al horizonte.
Afligida por un motivo que él aún desconocía,
Rachel suspiró por un instante
Sabiéndose presa, de la aflicción que la consumía.


Rachel es una mujer protectora y cariñosa. Es algo de lo que Víctor está convencido pese a que la suma del tiempo que han compartido no llega siquiera al año. Tal afirmación se sustenta en una tercera base, en esta ocasión una verdad con algo de acto de fe, como es la sinceridad.
Él da por sentado que ella nunca le miente, y estima correcto afirmar que es algo recíproco.
Eso hace que el riachuelo fluya… A falta de un chispazo de magia.


Me lo has notado…
Dijo ya presa de la aflicción,
Un manantial de lágrimas a sus pies,
Vertidas una a una desde el pasado hacia la gran caída,
Donde no hay lucha ni tipos malos, solo desamor.


Rachel y Víctor han conducido juntos un coche a carcajadas rumbo a un hospital.
En el despacho de ésta se ha asistido al aterrizaje del segundo, iracundo y maníaco, profundamente desestabilizado.
Se ha visto también una evolución, que a día de hoy aún perfora la cueva donde aguarda el secreto de mi estabilidad.
Sin cielos que sobrevolar. Y es que tanto Rachel como Víctor parece que quisieron tener alas… Para acabar apreciando con otros ojos el caminar con los pies en el suelo.

Me lo has notado...

¿Qué?

Tengo dos niñas preciosas por cuidar.
¿Y tú?
Yo sobrevivo. Cuento con el apoyo de Hamp.



Parte V

Me dejo algunos, por no decir muchos, nombres en este relato por partes que comenzó siendo algo pequeño y directo en mi cabeza para poco a poco crecer como una cebolla contenedora de información entre sus capas.
Puede que para mí sea de gran interés dado que comencé este proyecto de varios días sumido en lo que creía una severa crisis psicótica. Gracias a la evolución que plasmo en él puedo guiarme algo más dentro de una memoria que no para de fallarme.
No sé si el texto pretende ser un homenaje. Tampoco si contiene una reprimenda inconsciente.
Lo que sí sé, es que me nace de un interior que no sólo alberga fría información para esculpirla en un papel. El corazón en un puño, sin tener porqué llegar a su extremo, es más mi forma de entender una vida en la que, en ocasiones, debes dejarte ayudar.
Eso es lo que aprendo de personas como Ogal, Hamp, Jezabel o Rachel.
De estrellas fugaces como Phily (tan profesional y entregada a su trabajo), Nüia (en ocasiones su voz hace que relajarse sea algo impuesto, algo inevitable), Merea (cuyo rastro desde su ausencia aún siento), Mercy (con su siempre cálida bienvenida y velocidad) o Ellen. Para Ellen siento que debería inspirar y hacer una pausa.
Pero no lo haré.
Bastará con decir que ese buen montón de jornadas trabajando mano a mano supuso toda una sorpresa para mí.


Es domingo e ignoro qué me deparará el destino.
He hecho las cosas correctamente en cuanto he podido alcanzar.
Puede que aún me sienta raro con tanta pastilla y tanto efecto secundario… Pero se ha acabado agosto y soy relativamente libre. Quizá no para volar, pero sí para volver a caminar.
Al menos hasta 2018, donde el horizonte se cierra.
Al menos hasta Octubre, donde alcanzaré mi libertad.
Al menos hasta mañana, donde lucharé por ella.

Al menos hasta ahora, hasta este momento.
Me encuentro sentado tecleando calmado las últimas líneas de un detalle que quiso ser proyecto. Yo le doy forma, soy el encargado de que llegue a sus destinatarios.

Porque son mis primeras líneas en un 2017 horrible. Las más importantes, las del desbloqueo.


¿Han llegado a vuestro interior?

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domingo, 7 de mayo de 2017

Las hojas en siete de Mayo





A un remanso de vegetación en el bosque, a un claro despojado de lianas y ramas entrecruzadas.
Ahí llegaron las hojas.

No fueron ni una ni dos, ni diez ni veinte.

Un joven apoyaba su espalda contra el tronco de un árbol, venciéndose a él como lo haría un montón de nieve sobre la estructura de una rama.
La estación que transcurría era, no obstante, primavera.

Para el chico el otoño y el invierno iban cargados de su predilección, pero tenía que reconocer que esa estación de colores y vida, de hormonas inestables e insectos deambulando con sus quehaceres de aquí para allá, también tenía su encanto.

No sabía que también podía ir cargada de magia.
El cúmulo de hojas pasó por delante de él, en un aparente movimiento circular alrededor del claro.
Cuando su trayectoria casi rozaba su pómulo, el joven agarró con reflejos una de las hojas.
Y ahí estaba.
Frente a él un halo de luz lila aterrizó desde algún misterioso lugar en el suelo despejado en el que tomaba un descanso en su marcha. Un número se dibujaba en él.

Con el paso del tiempo el chico fue haciéndose con todas y cada una de las hojas, ya sin dejar de contarlas, con la vista puesta tanto en el contador que dibujaba la tierra que pisaba, como en la esbelta silueta que parecía manar de la luz lila.
¿Quién le estaría gastando una broma tan cara como para generar aquél holograma?
¿Era un juego en el que debía reconocer a la figura?
Las preguntas se agolpaban en su mente mientras las hojas dejaron de revolotear a su alrededor.
Las tenía todas en su mano.
Eran treinta.

El joven sonrió.
Pese a que el día había casi transcurrido en su jornada diurna, una grata sorpresa había tenido a bien presentarse ante él en ese día tan especial.
Su novia, sonriente y relajada, le miraba desde el centro del claro toda ella salpicada por los lilas que no paraban de emerger como arco iris del suelo.

Lejos el otoño y el frío recuerdo de quien no volverá.
Lejos el invierno con sus fantasmagóricas visiones de aquello que dejó de ser tiempo atrás.

Era su estación.
Primavera, la que la vio nacer y crecer.
La que la vio madurar y la sintió endurecer.

– Feliz cumpleaños, Stela. – Dijo el chico, y besó las ojas antes de lanzarlas al aire.
Provocó que estás regresasen a su movimiento rotatorio, como queriendo engullir con su velocidad la imagen lila de la chica.
– Esta vez sin tragedias… Que cumplas muchos más. – Abrió los brazos al cielo y sintió como algo casi huracanado arrastró sus piernas al centro del claro.


Se estaban mirando fijamente, armados con una amplia sonrisa.

Así pasarían el siete de Mayo, juntos de algún modo… En el interior del bosque.
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domingo, 19 de marzo de 2017

Si él estuviese aquí





Tembloroso, abrumado por las circunstancias.
Decidido, no obstante, a recorrer una vez más ese filo de la navaja que en territorio maníacodepresivo se adentra en el laberinto de la psicosis.

Así me encontraba yo no hace mucho.
Un alud de acontecimientos se me echaban encima sin tiempo apenas para respirar.
Y pese a que cada vez es tan diferente, tan cercana a la tramposa luz que te ciega para después hacerte arder, una constante se mantuvo una vez más.

Si él estuviese aquí le daría las gracias por esas hogueras cuyo crepitar me acompañaba hasta bien entrada la madrugada.
Mi padre que, agotado por los duros vaivenes de una vida que no da tregua, encontraba el tiempo para acercarme al paraíso familiar. Que, espectador derrotado ante una locura en apogeo, apostaba por el calor de la leña prendida para tratar de explicarme la gravedad de la situación.

– Ahora estás en la cabaña. – Me decía.
Esa novela que tanto costó forjar, ese mapa que nunca más quise volver a otear.
Se habían acabado pues para él los tiempos de gloria en la lucha contra el alcohol. Los tiempos de promocionar alegremente a mi querida taberna, donde mi alter ego Joel buscaba en la pugna contra una inmensa anaconda el valor para seguir unos pasos más en dirección desconocida pero prometedora.
Ahora estaba de nuevo en la cabaña.
Mi casa así lo indicaba, y del mismo modo que escribiendo esa novela sentí el calor de unas llamaradas frente al rostro iluminado de un Anciano conciliador, en esta ocasión era mi propio padre quien trataba de rescatarme de una caída no por anunciada menos probable.
Me sentía a gusto, dentro del infierno de mi mente, en esas veladas de conversación.
Eran compases donde breves oasis aparecían en un desierto cada vez más cruel.

Un bipolar acaba por no tener demasiados pilares a los que sujetar una vida cuyos cimientos en ocasiones se tambalean tanto que hacen caer toda la estructura que sustentan.
Si él estuviese aquí le daría un abrazo, aquel que quedó a medias cuando ya todo estaba perdido.
Porqué sí, la psicosis ganó una batalla apuntándole un tanto al Monstruo que muchos dicen contener pero pocos conocen.
Pero en el transcurso de la aventura, en la ascensión que descarrila la vagoneta, hubo algo que tengo tanto o más que agradecer que esas hogueras que tanta calidez arrojaron al hielo de una mente confusa.
Lo sincero de una humanidad y personalidad fuertes y generosas afloraron en un seguimiento incondicional al reguero de tinta que mi pluma fue dejando a su paso durante muchos meses.

Fue en sus análisis donde encontré claves que incluso para mí habían pasado desapercibidas en una escritura rápida en continua conquista.
Si él estuviese aquí le diría que la caza de farolillos me condujo a la peligrosa luz artificial que enturbia el alma y la mente, si bien nació de buenas intenciones en tiempos de oscuridad.
Si estuviese aquí le sonreiría en el pantano de barro, la ciénaga de ofuscación, que va haciendo presa de mí desde que el desengaño ha sustituido a la ilusión.
De estar aquí le diría muchas cosas, pero dejaré que se levante tranquilo este domingo 19 de marzo, día de su santo, con la esperanza de que estas líneas le reporten algún tipo de regalo velado, y el firme deseo de que las cosas vayan a mejor.

De que, a parte de quitar el frío y crepitar con fuerza, las hogueras venideras sean acompañadas de unidad familiar y buen humor, de risas y tiempos de amaneceres que no vean como el sol se eclipsa cuando más se le necesita.
Eso hacen los míos.
Eso hace mi padre.
Que el cielo amanezca incluso cuando la noche ha durado demasiado tiempo.
Que el sol brille incluso cuando ha sido eclipsado por la gran sombra.
Que la hoguera se mantenga viva… Incluso cuando tu mente tira la toalla.




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martes, 28 de febrero de 2017

Si ella estuviese aquí




Dejemos a un lado las cosas materiales… Sin perderlas del todo de vista hasta dentro de un rato.

Si solo pudiese juzgar los hechos que me han conducido a escribir estas líneas bajo un prisma de egoísmo, también ella saldría ganando. Eso se debe a que, como bien dice, nunca ha pedido, pide ni pedirá nada para sí misma.

Si yo fuese un bala perdida y fuese feliz con ello no habría lugar a ningún texto, más bien ni a reflexión alguna.
Pero hay que tener en cuenta, de entre los múltiples factores, que padezco un trastorno bipolar. Con eso no se puede jugar, pues en sus fases maníacas y psicóticas uno pierde en buena medida el control generando altas cotas de sufrimiento propio y ajeno.
De eso, lamentablemente, ella también ostenta un saco generoso.

Si ella estuviese aquí.
¿Por qué este título?
Porque muchas veces, perdidos en el huracán de unas vidas siempre en movimiento, cuesta encontrar el momento de pausa adecuado, el instante pertinente, para decir todas las verdades intentando que ninguna mentira se cuele.

¿Y qué necesidad tendría uno de mentirle a ella?
Cuando los conflictos se han recrudecido hasta el punto de generar un verdadera guerra, cuando las posiciones, firmes y opuestas, dan lugar a la batalla campal, entonces la mentira sube a la palestra.

Pero ahora no hay lugar para ello.
Hoy le escribo como si ella estuviese aquí, con esa risa inocente y contagiosa que tanto se merecería que yo le facilitase, y que tanto me he esforzado por arrebatarle.

Ella es mi madre.
Hoy es su cumpleaños.
Y pensando muy bien el regalo, acompaño estas líneas con un recordatorio y una pistola.

El recordatorio es el de unos tiempos en los que, cargado de buenas intenciones y una mochila ligera, caminé durante meses libre de alcohol hacia un destino incierto.
No sabíamos a dónde conduciría ese camino, pero los míos y yo encontramos más luz en esa senda de la que habíamos podido soñar en unos últimos años de dolor y desesperanza.
El trastorno bipolar hizo añicos esa nueva senda.
El desprendimiento de una vida desestabilizada llenó de las rocas de la locura todo, bloqueando el avance y haciéndome, entre otras cosas, volver atrás y regresar a cuanto me era conocido.
La furia, la frustración, la ira y después la impotencia que he sentido representan la munición con la que libro mis batallas con mis seres queridos.
Ella se lleva siempre buena parte de la metralla.

Por eso acompaño también estas líneas de la pistola que he mencionado.
No es para liarme a tiros maldiciendo y lamentándome, como suelo hacer cuando la música triste me asalta a diario, puntual cada anochecer, o cuando el fuego del alcohol ya prende en mis venas.
La pistola es para que, sacando una pequeña bandera blanca a modo de tregua, me permita en un pistoletazo de salida simbólico lanzarme de nuevo a caminar la senda que en mayo de 2016 me llevó a vivir momentos maravillosos que deben repetirse.

Dejo el alcohol atrás y lo vuelvo a intentar.
Eso significa que lo hago por mí, al menos en parte.
Y es que, entre otras cosas, ver a mi madre pudiendo relajarse confiando en que no me lesionaré interfiriendo el proceso de la medicación con un tóxico prohibido, genera un mar de posibles situaciones.
No se si esa sonrisa, que tantas ganas tiene mostrar y que le nace del alma, está aún esperando a zambullirse en el océano de posibilidades para emerger cobrando la forma real de cierta medida de felicidad. Pero desde luego no lo descubriré quedándome en un lugar de sobra conocido por todos, y que tan solo proporciona latigazos con los que fustigo mi presente y alejo a los demás.

Si ella estuviese aquí le diría todo esto y mucho más.
Le diría que la quiero, que quiero celebrar muchos más cumpleaños y que quiero seguir luchando en todos y cada uno de ellos.
Que siempre hemos creído en mí frente al trastorno, y que quiero quemar ese tiempo que ya se nos escapa juntos en una ofensiva más, de nuevo cargada de energía y sentido.
Que odio estos tiempos que vivimos, que añoro buena parte de mi pasado, y que eso se debe, inequívocamente, a su buen hacer como madre.
Que pienso en tiendas de campaña, el frío de la mañana en la montaña y en termos de café con leche.
Que pienso en una casa de verano llena de vida y diversión.
Que, como si ella estuviese aquí, la veo cuidando de los suyos y sintiendo el amor que le profesan.

Que no he desaparecido y, maldita sea, echo de menos cosas que solo la lejanía de mi camino puede hacer revivir transformadas y adaptadas.

Por el momento la sorpresa está preparada.
Porque ella sí está aquí.
En esta solitaria madrugada le tecleo esperando perdone mis horarios y últimas gamberradas irresponsables.


No se con que te quedarás de todo esto, Mamá Catwoman, pero espero que al menos la porción de cariño que te tengo y le he puesto te llegue en forma de beso matutino de buenos días… ¡¡¡Y feliz cumpleaños!!!


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lunes, 13 de febrero de 2017

Reseña de 'La taberna: Una libreta para el recuerdo' (Keren Verna)





por Keren Verna

Para leer la reseña en el blog de Keren sigue este enlace



NOTA DEL AUTOR


Respeto mucho el blog de Keren Verna así como a su administradora, también escritora en tierras argentinas, desde que cruzando una serie de comentarios en Un Universo en Palabras en las entrañables entradas que moran dedicadas a mi gata Chi aterricé en su hogar online, ese blog que entra por lo ojos para atraparte con la profundidad y mimo de cada una de sus palabras.

En mi caso fue la misma biografía, la presentación de Keren, lo que me convenció y animó a partes iguales a seguir la trayectoria, ojalá a compartir parte del camino, con una persona en la que intuyo un gran valor humano.

Desde hace un par de meses quedó colgada en su web nada menos que una reseña a una de mis obras, concretamente ‘La Taberna’, fruto de la lectura conjunta que mi apreciada Rocío tuvo a bien organizar desde Ficción Romántica.

Y qué decir de la reseña.
Podría intentar dibujar la ilusión que me hizo y me sigue haciendo leerla; el respeto que supura por mi obra en todo momento.
Podría perderme en elogios al trabajo de diseño en todas y cada y una de las imágenes que plasman citas del libro.

Diré simplemente que, si yo fuese Joel, si Joel fuese Víctor, no aguardaba un final feliz a la historia cíclica.

He sido ingresado en un psiquiátrico desde que entró Enero hasta este inminente San Valentín.
Y gestos como esta reseña, que recomiendo mucho leer en su morada original, me han hecho remar con más fuerza, con más ilusión, como si pese a la injusticia y el dolor hubiese algo en esta vida por lo que siempre mereciese la pena luchar.


RESEÑA


Leí este libro como parte de una propuesta de lectura conjunta que ya he comentado en otro post.

La Taberna: una libreta para el recuerdo narra el desafío de superar ciertos padecimientos y emociones.

Los abismos personales representan un lugar al que cada uno de nosotros podemos encontrar acceso, abriendo puertas que fabricamos con nuestra experiencia personal.

Joel deberá enfrentarse a su bipolaridad y dejar de lado al alcohol para hallar otras maneras de convivir y seguir adelante. Uno de los recursos del que se vale es registrar en una libreta, hasta ficcionalizar, sus estados y volcarse en lo que lo rodea, como el mar que se me ha presentado como simbólico. El agua es signo de cambio, de movimiento y es usada en muchos ritos como bautizos para renacer.

El mar seguía tan serio como de costumbre. La última vez que sintió sus carcajadas él era una maldita luciérnaga de esperanza tan solo atormentada por un sinfín de pesadillas, que peleaba con las olas inventando docenas de inverosímiles movimientos.


…emergió del lago tras el primer enfrentamiento, agotado y con sangre de anaconda en su machete.



Escribir, el arte, es sanador, permite abrir un espacio de reflexión, pensar realidades posibles, romper con el molde que te empuja a vivir una vida que, en muchos aspectos, nos resulta hasta ajena. Esta misma experiencia de escritura se halla en La taberna con sus diversos registros: una libreta en la cual el protagonista se explaya sobre sus pensamientos relativos a su tratamiento y sus progresos, la experiencia de Joel, la historia del espacio de la taberna y las palabras finales de tono ensayístico; estas voces confluyen en el mismo conflicto: el padecimiento y las formas de superarlo.


Esta multiplicidad de voces es un punto interesante ya que coloca a esta obra entre una novela y un ensayo, además del género de autoayuda. Me atrevería a decir que está cercana a la técnica de pastiche donde el autor se vale de varios registros, en este caso, como mencioné: narrativa con la historia de Joel y la taberna, el registro de la libreta, el ensayo con la experiencia personal.



A medida que leía, pensaba en la semejanza de los sufrimientos humanos, ya que me sentí identificada en muchos pasajes. Incluso, hoy día contamos con especialistas que ayudan a sobrellevar estos sufrimientos: psicólogos, psiquiatras, terapeutas varios; además, un sinfín de teorías que hablan sobre el tema con sus corrientes distintivas.

Más allá de la experiencia personal de padecer algún trastorno o engancharse a algún consumo, no puedo dejar de pensar este tema a nivel social. Se nos vende una botella de cerveza como “es bueno para ti”, “el placer del momento”. O una gaseosa: “Destapa la felicidad”. O la propaganda de un cigarrillo: “Sé feliz. Ten suerte”, “Siempre es un placer”. Consumir nos da “felicidad”, “placer”. Cuando leo estas frases me acuerdo de Un mundo feliz de Huxley, que releí hace unos días, y el consumo de una pastilla llamada soma. ¿Cuántos somas nos venden y consumimos por día en formato de comida, tabaco, alcohol o medicamentos? Creo que es terrible este último caso, con las farmacéuticas y su intento por aventar al mercado las drogas bajo publicidades en los medios en las horas pico de audiencia: “Tabletas aspirinas, el fin del sufrimiento”, “El inicio de un día exitoso”.

La lectura me llevó a reflexionar sobre mi vida y sobre nuestra sociedad, a detenerme en varios pasajes para registrar también, como en la libreta de Joel, aquellas ideas que me generaba. 


En la lectura me acerqué al crecimiento personal que conlleva enfrentarse a una crisis y hallar la manera de superarla. Es un libro valioso por lo esperanzador y una lectura que enriquece.
Cierro esta entrada con las otras frases del libro que estoy compartiendo por las redes. ¿Se llevan alguna?


NOTA: 
Adjunto 3 simples ejemplos de diseños de citas de mi obra por parte de Keren Verna













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