viernes, 14 de junio de 2019

Segunda experiencia bipolar sin alcohol (Parte VI)






Jugando con fuego.

Ese debería ser el título de este sexto ensayo de la serie, si éstos portasen uno.
Justo en las fechas en las que deberíamos estar brindando por la consecución del primer mes de sobriedad, me doy cuenta de que justo en esta frase va incluido el problema raíz.
El dichoso brindis de celebración.
¿Imaginas la abismal cantidad de cosas que pueden merecer una celebración?
Incluso un hecho tan significativo como el premio a meses de trabajo esconde en sí mismo la trampa que el tóxico lleva asociada.

La mente es juguetona.
Usa la información de un modo que la habilita a moldearla a su conveniencia.
Tanto hablar con anterioridad de lo vital de la brújula interior, de la claridad de objetivos… Para verme trampeando con esa copita que cae solo de vez en cuando.

Afortunadamente, estoy dispuesto a coger de nuevo las riendas del proyecto.
A la recaída que significó la escritura del quinto ensayo le siguieron algunas más. Toda una semana que lanza por tierra las tres anteriores de batalla por la abstinencia.
Las conclusiones a sacar son inmediatas.
Mi vida se ha complicado, ensuciándose en diferentes frentes, enmarañándose en la mayoría de ellos y cerrándose hasta comenzar a apestar.

La inmediatez de estas constataciones alivian mi frustración.
Mi mente debe estar claramente posicionada a favor de dejar el tóxico, pues de no ser así, no concluiría con tanta alegría tales afirmaciones pesadas como losas.
Sin embargo, en esta ocasión sí que me gustaría acercarte a mi realidad. No como intento de justificación, ni con voluntad de convencimiento. Simplemente porque me apetece sentirme, de algún modo, acompañado.






Mi primo ha desaparecido de mi vida, dejando tras de sí ese hueco en el cual eres perfectamente consciente que no vas a poder edificar nada parecido ni equivalente. Como mucho respetar la zona cero, en memoria de todo el dolor que una relación tóxica que se extiende por más de tres décadas puede ser capaz de generar.

Los míos prosiguen con sus vidas en mi pequeño pueblo natal, y la sensación de que las diferentes corrientes geográficas hacen patente la ya de por sí inevitable distancia me corroe por dentro, día sí, día también.

He desarrollado una pereza a quedar con mis amigos en la gran ciudad, y más aún a hacer nuevos. Construida sobre cimientos de envidias y frustraciones, de pesares y malestares, dicha pereza me aísla en el pequeño estudio donde vivo, donde la única ventana al exterior son pantallas digitales.

Los latidos de mi corazón rugen sólidos, fuertes y sinceros, pero la persona a cuyos oídos pretenden llegar está tan lejos, que del grito inicial siento que solo queda el eco de un susurro desvanecido a medio camino.

Mi yo más resuelto, ese que regaría con su carcajada todo este texto, permanece encapsulado ante la ausencia de alcohol. Y junto a su exilio, siento como gran parte de mi alegría y mi optimismo, de mi carisma y mi virtud, se diluyen sin que sienta ápice de su aura.




Esa vendría a ser mi realidad plasmada en un rápido boceto.
Por eso he encendido una hoguera ante la creciente oscuridad que parece rodearme a cada nuevo paso que doy.
Pese a que se dónde me dirijo, pese a que conozco la alegría que el futuro me tiene prometida, no son pocas las noches en las que los aullidos de los depredadores me hielan la sangre. Como buen conocedor de las miserias de mi trastorno, sé perfectamente cuánto debo temer esas fauces siempre atentas a mi fragilidad.

Juego con fuego porque la negrura duele y corroe. Pudre y destruye. Mata y extingue.

Mi psiquiatra parece recibir esta información como un tenista experimentado que se resiste a perder el punto.
Y, por muy frustrante que resulte, considero que disfrutar de un rival como ese es la única vía para que algún día pueda alzar el trofeo de la abstinencia en el circuito de la estabilidad.

Es tiempo de dejar de hablar de yelmos, escudos y espadas. De alejarse un poco de los campos de batalla para recordar y recordarse a uno mismo que no hay nada de épico en dejar una adicción.
Triste es el camino que conduce a las profundidades de sus abismos, y más triste aún resulta el instante en el que uno debe escalar lo caído, pasada la novedad de los primeros pasos.








Naces solo, vives solo.
Cuántas veces me habrán restregado eso esgrimiéndolo como un dogma.
Me lo dicen personas rodeadas de amigos y familia, que como mucho han experimentado la verdadera sensación de soledad en contadas ocasiones. De momentos puntuales convertidos en banderas de sus fortines.
Quién sabe.
Estoy cansado.
Ni quiero asediarlos ni quiero hacerlos volar desde dentro.

Al final, cuando el peso de las cadenas vuelve a ser tu peor castigo y la sobremedicación te tumba hasta extremos que sólo tú percibes… Solo sueñas con edificar tu propio fortín, amurallarlo debidamente y ser feliz en él.
Ardua tarea en la que, no obstante, creo estar dando resueltos pasos.

Por lo pronto siguen las SEBSA, con esta sexta parada que significa al mismo tiempo un nuevo ciclo, un nuevo arranque, en el que, de todo corazón, espero seguir teniéndote a mi lado, con el vago pero cálido aliento de tu mirada recorriendo líneas que nacen de mi alma.





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jueves, 6 de junio de 2019

Segunda experiencia bipolar sin alcohol (Parte V)





Del mismo modo que he acudido tanto a los míos como al centro de drogodependencia, me dirijo a ti, querido lector, para comunicar que ayer tuve una recaída.
No fue mucho, el día era horrible, se juntaron muchos factores y el bla bla bla que puede antojarse tan eterno como convincente. Una cháchara a la que no voy a recurrir. Porque en un proceso de desintoxicación, así como en tantos otros aspectos de la vida, ante un derribo solo queda levantarse y ponerse a caminar de nuevo.

No es que ande con una resaca descomunal, ni que haya visto de repente la estela de la luz a perseguir.
Todo sigue igual, con la pequeña salvedad de que mi cerebro sigue identificando el atajo del alcohol como una loable medida para capear el temporal.
Mala cosa.
Si no tomo cartas de pura estrategia en el asunto, estos episodios me irán poniendo contra las cuerdas cíclicamente para finalmente darme la estocada con días fatídicos como el de ayer.

Esa estrategia pasa por modificar ciertos aspectos de mi vida y ser radicalmente fiel a ellos.
Como quien se agarra a un saliente en plena caída al abismo desde el cual puede librarse de su fatal destino.
Vida social me dicen algunos.
Ejercicio físico esgrimen otros.
Y en mi cerebro, ante todos esos inputs cargados de buenas intenciones, una palabra resuena desde la lejanía, como un vago eco que emerge de las cumbres de la mente para finalmente hacerse notorio como un grito. Depresión.
La fase más baja de la patología bipolar lleva intrínsecas una serie de prácticas a las que, año a año, acudo religiosamente.
Aislamiento social y apatía se dan la mano con elevado consumo de tóxicos.
Sin embargo, esta vez, una sobriedad que se ha extendido por más de tres semanas consecutivas, ha venido de la mano con una alta productividad literaria.
De nuevo, por enésima vez, he experimentado las mieles terapéuticas de canalizar mis emociones en ríos de letras que, poco a poco, conforman los lagos luego conocidos como mis novelas.

Mucha culpa del furor que me acompaña al teclear, de la razonable comunicación con las musas y de la regularidad de publicación se debe a un cambio de fase maníaco depresivo. Un amago de escalada que comuniqué de inmediato a mi médico y que ha sido atajado de raíz.
De ahí la generosa franja de tiempo transcurrido desde la redacción del cuarto ensayo.
Sobremedicado caigo en los nada agradables pozos de una desgana que roza la procrastinación y un mal humor constante de los que nublan la cabeza como humo de puro mal apagado.








De modo que en estas estamos.
A medio camino.
Atrás, un pasado difícil pero trabajado. Delante, un bello horizonte cada vez más distinguible. Sin embargo, ¿Qué hay del presente?
El reloj señala que estamos a mediodía de un jueves caluroso dentro del pequeño estudio donde me encuentro con mi gata.
El primer libro de mi saga más querida ha sido relanzado, con vistas a ejercer de cimientos de nuevas ediciones para todos y cada uno de los libros por los que tanto esfuerzo he empleado en la última década de mi vida.
Así podría ir hilvanando toda una tela de factores, unos más materialistas que otros, que se extendería hasta el final de este quinto texto de la serie SEBSA.
Pero prefiero atajar y sacarme el as oculto en mi manga.
Prefiero atacar con mi reina que enrocar al rey.

Sinceridad en mano, puedo afirmar, sin lugar a duda, que aquejo de un profundo vacío emocional.
Seguro que muchas personas de luz, unas con contrastado amor hacia mí y otras con marcadas buenas intenciones, podrían parchear el balón pinchado que representa mi corazón hasta dejarlo pulcro y como nuevo.
Pero yo quiero un nuevo esférico.
Quiero sentir de cero, quiero poder tener esa segunda oportunidad que, según tanto se dice, todos merecemos.








Desde México, una bella personita me ha acompañado durante buena parte de esta aventura en la que encuentro sumido. Ha regado las tierras de mi manía y mi depresión con sus consejos y su compañía. Con su paciencia. Con su cariño y con su amor.

De modo que, para el lector avispado, bastará con coronar esta pequeña introducción al núcleo de lo que en mí palpita con la constatación de que estoy muy ilusionado. Albergo muchas esperanzas en que, algún día, lograré salir de las trincheras amargas de la lucha contra todo y todos.
Para pasear por verdes prados donde tumbarme y, simplemente, ver las nubes pasar.
Sonriendo por fuera y por dentro, saboreando, como solo los que hemos sufrido de verdad sabemos, lo que significa verdaderamente el concepto paz de espíritu.

Por ahora, tras haber cerrado los ojos por más de una hora para otear mi mundo interior y convertirlo en palabras, alzo mi mirada y un gesto amargo tuerce mi rostro.
Veo aún mucha desolación.
Mucho humo de llamaradas demasiado recientes.
Y ese Monstruo, siempre esquivo, siempre en la sombra, sonriente.

De modo que no me queda otra, tras la alarma que activó mi recaída de ayer, que agarrar lanza y escudo y colocarse bien el yelmo.
Como reza el final del fim 300, ya con la suerte echada sobre la batalla de las Termópilas:



Si alguna alma libre pasa por este lugar,
en los incontables siglos que están por llegar…
decid a los espartanos, caballeros,
que aquí, por la ley espartana, yacemos.





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martes, 4 de junio de 2019

Relanzamiento de La cabaña: Una tercera aproximación





¡La cabaña!
¡¡El oscuro laberinto de la psicosis!!
¡¡¡Ya a la v…!!!


Vale, respiraré hondo.
Se trata de un momento muy especial para mí, y antes de compartirlo contigo, querido lector, debo lanzarme a tejer este tercer acercamiento a la nueva edición de La cabaña.
Porque, como dije en anteriores posts, aún quedan muchas cosas en el tintero.

En esta ocasión quisiera hablar de la maquetación a la que se ha visto sometida la revisión de la obra.
A la espera de que lleguen mis primeros ejemplares en físico, puedo decir, gracias a las vistas previas, que el resultado es, al menos para mí, algo realmente maravilloso.

Algunos lectores de la primera edición aquejaban cierto caos en la organización de los capítulos y anexos de la obra.
Éstos últimos se encontraban al final del libro, de modo que era necesario avanzar a ellos para, tras finalizar su lectura, retroceder al punto donde se había dejado la historia principal.
Es una de las muchas cosas que se han modificado.
Ahora las ilustraciones nos dan la bienvenida a cada capítulo, los títulos nos llevan de la mano en la aventura y los anexos gozan de fuentes y márgenes lo suficientemente distintivos para que el único laberinto en el que nos perdamos sea el de la propia trama.








Páginas de fondo oscuro como los abismos de la mente encabezan y concluyen los relatos mas largos.
El ‘Making of’ de un libro en papel es, en sí misma, una historia digna de ser contada.
Sin embargo, me reservo estas anécdotas para más adelante, cuando la embarcación de esta novela ya se encuentre bien entrada en alta mar.








De momento sale del puerto.
Y, de veras, que el barco luce sólido y precioso.
En las páginas que lo conforman, una emocionante historia te está esperando. Quizá por momentos te descubras incrédulo ante el horror. Quizá el dolor te cause estremecimientos. Pero, dentro de esa corteza amarga como es la enfermedad y el trastorno maníaco depresivo en particular, hay un torbellino de vida, un huracán de ansias por respirar oxígeno puro y una incesante lucha contra los titanes que la mente humana puede generar.
No estarás solo en un viaje que promete tormenta e inmenso oleaje.
Recuerda que todo un elenco de personajes va a acompañarte.
Hazlos tuyos.
Personifica la historia.

Ese es, cuanto menos, el principal deseo con el que redacté todas y cada una de sus líneas.
Poder transportarte a cada mundo y situarte frente a cada personaje.
Hacer que sientas lo cálido de esa hoguera en medio de un entorno tan hostil.

Ahora sí.
Ya puedo gritar, y hacerlo con todas mis fuerzas:



¡La cabaña: El oscuro laberinto de la psicosis!





Consulta mucha más información en la web:






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viernes, 31 de mayo de 2019

Segunda experiencia bipolar sin alcohol (Parte IV)





Algo está cambiando.

Lo noto en el aire. Lo siento en la tierra.
Los cielos, durante largas jornadas aburridos como planas superficies pintadas con mal gusto, comienzan a adquirir la profundidad de la vida misma…

Hace mucho tiempo, en la gran guerra por la supremacía de la elección del bando a escoger, el Monstruo tenía ganada la batalla final.
Era tanta la presión sobre una sola persona, que su cerebro brotó tornándose creyente de un rol de Elegido.
En las cimas del monte de la psicosis, una última alianza de Tylerskar y sus leales guerreros plantó cara, en una valiente resistencia, a la oleada de terror y crueldad que nacía y se propagaba como el cáncer.
 

Un colgante, un simple amuleto, otorgaba energía infinita al portador.
Mutaba sus neurotransmisores, haciéndole cabalgar con furia los cielos del ánimo multiplicando su agilidad mental.
Cuando el ejército de Tylerskar estaba derrotado por mero agotamiento, algo sorprendente sucedió.
El Monstruo le entregó el colgante, desapareciendo como ceniza esparcida al viento.
 

Durante lo que se le antojaron milenios, más como criatura que como humano, Tylerskar protegió ese poder de propios y extraños, tratando de controlarlo. Enloqueciendo y marchitando su alma.
El trastorno mental tenía vida propia. Deseaba con todas sus fuerzas regresar con su legítimo amo para conquistar el mundo que tan hostil le resultaba y que tanto ansiaba subyugar.
Abandonó a Tylerskar, que vio como en poco tiempo el peso del desgaste pudría su cuerpo y su mente.
Pero fue a parar al ser más imprevisto.
Un pequeño Niño, que gustaba de dar largos paseos en solitario, dio con el colgante.
 

Y así, el destino de millones de seres contuvo el aliento por un instante en el tiempo.
Pues había una oportunidad de que esa alma se salvase.







Me he permitido el lujo de hacer un guiño tolkieniano.
Un lujazo, más bien, teniendo en cuenta el agobiante calor que, unido a la falta de sueño, llama a las puertas de mi mente con la intensidad de quien quiere derribarla.

Ansío con todas mis fuerzas días de tiempo alborotado. De viento, lluvia y gente corriendo a refugiarse mientras yo opto por todo lo contrario.
Es por ese motivo que he tomado la voz de Cate Blanchett, tras apagar todas las luces de mi hogar y sumirme en la lenta y meticulosa redacción de las palabras que, una vez más, brotan alegres de mi cabeza.

La jornada que ha servido de puente entre dos épocas bien diferenciadas me ha reportado un cansancio mental considerable.
Una resonancia del cerebro en plena madrugada ha coincidido con una analítica de sangre a primera hora de la mañana. La alteración del sueño, así como su reducción, ya son factores a tener en cuenta si uno se encuentra en la rampa de una fase alta bipolar.
Si además sumamos la siempre insistente adicción a un tóxico, resultará sencillo imaginar que, nada más salir uno de la máquina de los mil ruidos, lo primero que desea es tomar un buen trago.
Si sumamos una espera de horas en ayunas, más unas pocas horas de sueño salteado, el resultado salta a la vista que apunta mentalmente a una gran jarra espumosa de cerveza bien fría.

Aún es pronto pese a encontrarnos en una cuarta parte de este proyecto ensayístico.
Si bien el ‘mono’ físico quedó atrás hace varias jornadas, el psicológico me da la mano con fuerza, con esa dependencia manipuladora de la que sabes no será fácil librarse.
Quedan pues, múltiples jornadas, semanas y meses enteros, de pelea en las trincheras. De arduo batallar por el simple hecho de resistir a beber alcohol.








En tiempos de consumo, yo mismo me fabricaba las tormentas desde el interior de mi propia mente. Bastaba con rebasar la quinta copa desde un consumo compulsivo. Mi cerebro ardía, escupiendo llamaradas hacia mí mismo y los demás de las que al día siguiente ni siquiera me acordaba. La sensación, eso sí, era de reinicio. Una especie de reset rebosante de malestar y arrepentimiento.
Qué diferente es el reinicio del clima que propone la madre naturaleza.
Mediante un ambiente espeso, cargado eléctricamente y agobiante desde el calor, acaba por dar forma a su particular y hermoso apocalipsis celestial.
Una simple tormenta y el ambiente queda limpio, purificado y liviano como el espíritu de los que han surcado el sendero de su propuesta.

No obstante, debo andarme con pies de plomo.
Hace tres años, en la primera Experiencia Bipolar Sin Alcohol, mis deseos de tiempos fríos y clima inestable acabaron por hacerse realidad.
La vida me condujo a vivir un par de años ante la costa de un precioso e inmenso mar perdido de la mano de Dios.
No es que piense que las palabras que se van dibujando hayan de poseer poderes mágicos o algo por el estilo. Pero he aprendido a que, igual que hay que tener cuidado con los enemigos que uno se labra, también hay que tenerlo con los sueños por los que uno suspira.
Y resulta que este texto arranca hablando de un mundo de fantasía que, en parte, me pertenece.
A lo largo de mi vida, siento que he vivido con tal intensidad las diferentes etapas, que considero a mis alter ego auténticos héroes y villanos de una historia fabulosa.

Así pues, tal y como reza el arranque de este ensayo, algo está cambiando.
De repente ya no soy el depresivo hundido en la miseria que nada puede ofrecer.
Súbitamente, la música de las bandas sonoras que tanto me gustan, ya no solo relajan, sino que inspiran hasta el punto de entremezclarse como serpientes en la pluma imaginaria que esgrimo al escribir.
¿Cómo va a resultar venenosa la picadura de las musas?
Es una pregunta de aparente respuesta negativa.
Pero pregúntasela a cualquier maníaco depresivo y, mayoritariamente, le verás palidecer.
La inspiración desmedida nos acerca tanto a nuestros cielos que acabamos besando las brasas de infiernos que horrorizarían hasta al más pintado.








Esta noche me espera una pastilla que cuadriplica la potencia de la que, ya de por sí, me seda por horas. Y no va a quedar en una noche aislada.
La sobremedicación que intuía en la segunda parte de la serie, por la que ardía en ira a lo largo del revolucionario tercer ensayo, va a convertirse en realidad.
De modo que no sé qué será de mí.

En cuanto a ti respecta, querido lector, puede que veas un descenso en la intensidad que trato de contagiar a mis palabras. Quizá también un mayor lapso entre escrito y escrito.
Pero, en lo que a mí respecta, la sensación que me acompaña es de fúnebre anochecer.
De noche demasiado cálida de verano, sin ápice de viento que resople.
De sudor y pesadillas.

Sin embargo, por algún motivo, Galadriel ha influido en mi texto.
Si algo tienen los elfos, es que lo arcano y misterioso de su poder puede obrar milagros. Lanzar esperanza al abismo más oscuro.
Que es, ni más ni menos, hacia donde me dirijo.

Un colgante zigzaguea por mi cuello.
Un amuleto brillante como el farolillo de una taberna.
Unos ojos maléficos parecen sonreír desde la creciente oscuridad que me rodea.
Pero hay que recordar a quién fue a parar.
Al ser más imprevisto.





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jueves, 30 de mayo de 2019

Segunda experiencia bipolar sin alcohol (Parte III)





Cientos de miles de personas lanzan sus rugidos al aire impregnado de humo negro.

Hay furia, hay sed tanto de venganza como de sangre. Y alivio.
Un profundo alivio al saberse liberados de la tiranía. La era de la primera psiquiatría cae. Porque así es como finalmente será recordada. Con sus lobotomías del pre siglo XX y su medicación del siglo XXI. Con sus antiguas torturas y sus pseudo modernas medidas de sujeción de pacientes. Cae por su propio peso, aunque, sobre todo, por el revolucionario movimiento de ‘Los  locos’. Bajo ese nombre, una cúpula de inteligencia estratégica planificó meticulosamente todos los pasos a seguir durante años. 

Ahora, el mundo luce el naranja fuego de las llamaradas en las que prenden los profesionales de la salud mental. Su sangre corre, fabricando ríos rojos en el pavimento de pueblos y ciudades. 

Los locos, sueltos y liberados, se permiten un segundo de reflexión antes de otear el nuevo horizonte lleno de posibilidades. De arte sin contención. De inspiración sin final.
Es en esa reflexión donde décadas de sufrir la política del miedo, de sentir la amenaza de un ingreso que se acaba tornando realidad, de babosear sedados para colaborar en el circo de la sociedad… Provocan el estallido interior. 

Un niño apenas cercano a la adolescencia se acerca a su antigua psiquiatra. Ésta, con los ojos desencajados, escupe algo tratando de articular sus últimas palabras, pero una bola de billar ha destruido parte de su dentadura y le bloquea el habla. El niño sonríe, machete en mano, mientras paso a paso se acerca a su antiguo verdugo…








No tenía planificado hacer un tercer alto en el camino hasta conquistar mi tercera semana sin beber. Sin embargo, algo ha ocurrido. Algo destacable que ha removido los antiguos canales de mi interior por donde la ira, el odio y el miedo se comunican con mi psique.

Este pequeño texto introductorio es solo una muestra de lo que pudrió mi mente a lo largo de toda una fatídica jornada.
No debería resultar sorpresa alguna para el lector, a estas alturas, el ser consciente de que el circuito de la salud mental no es santo de mi devoción.
Tampoco la prepotencia, en general. Ni la tiranía.
Son aspectos que se aúnan, habitualmente, en la figura del psiquiatra.

La batalla personal y el pulso que mantuve durante años contra ellos me condujo a adquirir un rol más de espionaje que de guerrilla. El dolor prolongado por el malestar maníaco depresivo se dio la mano, demasiadas veces, con ingresos crueles e involuntarios.
Eso activó desde mi subconsciente la habilidad de interpretar a la perfección lo que sea que el psiquiatra desea tener ante sí para quedarse tranquilo.
Valiosos días para poder hacer uno su propia vida, libre de estúpidas imposiciones que solo buscan normalizar según criterios absurdos.

En un acto de ilusa naturaleza, pensé que Barcelona me iba a deparar un cambio al respecto.
Pues bien, el bofetón ha sido contundente.
Los psiquiatras son una especie que se protege a sí misma con el escudo de la sociedad. Se alimenta de ostentosos sueldos mientras juega a disfrazarse de Robin Hood. Con la misma facilidad sonríe y confraterniza con el equipo al que manipula, que te sentencia a vivir un infierno de meses.
¿Por tu bien?
¿O por el bien de una sociedad que debe respirar tranquila, sin inquietudes que puedan ir más allá de que un equipo de fútbol haya caído de una competición?

Esta explosión de ira, esta irrupción de rabia en esta serie de ensayos, no se debe a que me hayan sentenciado de nuevo.
Se debe a la frustración. A no entender por qué un centro de desintoxicación, en vez de apremiar la mayoría de edad en mis días consecutivos sin beber, se decide a poner palos en la rueda de mi mente.








Ahora es momento de hacer una pausa y respirar.
He plasmado esta primera parte del ensayo de este modo para que el lector sea consciente de que no todo es de color de rosas.
Que puede parecer bonito el ir sembrando semillas de brillante ilusión por el camino de la desintoxicación, pero que la necesidad de hacerlo principalmente nace de la certeza de uno mismo de estar lleno de mierda hasta el cuello.

¿Tan difícil es entender que he logrado lo más difícil en la desintoxicación por mí mismo?
¿Tan tentador para el psiquiatra resulta el imponer su ego y sus conocimientos en la vida del paciente?
¿Tan obtusa es la psiquiatría, que no entiende que, con la amenaza, la burla y la imposición solo se obtiene un aumento en el deseo de consumir tóxicos?

Podría hablar maravillas del equipo que trabaja para el tirano.
No obstante, es tal mi estado de ceguera por la ira, que instantáneamente brotan en mi mente símiles que argumentan que no deja de ser una estrategia para hacer hablar al paciente. Para desnudarlo. Y entonces, machacarlo hasta que responda al patrón de enfermo mental que la sociedad tanto conoce.

De modo que dejo este tercer ensayo aquí.
Como quien golpea un saco de boxeo.
Como quien grita con un cojín sobre la boca.
Como quien, por un instante, comprende con qué luchaban los espartanos que dieron su vida en las Termópilas.
Con toda su ira contenida.
Con todas sus fuerzas.
Con todo su corazón.




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Segunda Experiencia Bipolar Sin Alcohol: Índice




Las SEBSA (Segunda Experiencia Bipolar Sin Alcohol) se tratan de una serie de ensayos que habrán de acompañarme por el camino de la desintoxicación alcohólica en la búsqueda de la estabilidad maníaco depresiva.



Puedes acceder a sus diferentes partes clickando en los enlaces que figuran a continuación:






ÍNDICE


-   Parte I

-   Parte II

-   Parte III

-   Parte IV

-   Parte V

-   Parte VI


-   Continuará...



Cualquier impresión o comentario, a parte de hacerme gran ilusión, me ayudará enormemente de cara a continuar con buena energía en este proyecto.



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martes, 28 de mayo de 2019

Relanzamiento de La cabaña: Una segunda aproximación





La cabaña plantea un vaivén de escenarios de muy variada naturaleza, además de presentar un amplio elenco de personajes. Del cruce entre estos dos factores emerge un mundo de posibilidades en el campo de la ilustración.
Dicho campo va a actuar de cimientos y pilar base para este segundo acercamiento al relanzamiento de la novela.

¿Quién mejor que la propia ilustradora para exponer su experiencia y motivaciones a la hora de hacerse cargo de tal labor?

Vlad Strange, también colega en lo literario, es, además de dibujante, una de las personitas más especiales con las que me he topado en toda mi vida.
Así pues, os dejo con una entrevista rápida a Vlad.







Buenas tardes, señorita Strange. Buenos días en verdad allí en México.
Háblanos un poco de ti, para que el lector pueda hacerse una idea de tus intereses, además de haberte podido poner rostro.


¡Hey! Pues yo soy Vlad Strange, escritora underground, ilustradora y diseñadora. He publicado un par de libros en Amazon (El rompecabezas de los gatos blancos y INTERZONE), y otros cuantos se encuentran gratuitos en Inkspired.          
Mis intereses… emm… En el momento son los cuentos ilustrados, la literatura juvenil, los temas místicos de la mitología azteca y mexica… y, gracias a Víctor, los videojuegos.      
       

¿Qué fue lo que te condujo a descubrir La cabaña?

Víctor me invitó a participar en un proyecto literario con otros escritores de plataformas literarias, y como parte del trabajo debía conocer las obras de mis compañeros. Así fue como descubrí la Cabaña y tras leer unos cuantos capítulos, me atrapó y terminó siendo uno de los libros más significativos que he leído hasta ahora.


De tus dibujos se desprende mucho buen hacer.
¿Equipararías tu pasión por el pincel con tu pasión por las letras?

Creo que sí. Las acuarelas ocupan un lugar bastante importante en mi corazón, justo a un lado de la escritura. Aunque claro, hay más experiencia escribiendo que dibujando para un público más amplio. De hecho, hace tiempo he pensado en hacer ilustraciones para ciertas novelas mías como Espejo de Humo y Ceniza, pero nunca llegó a la acción. Así que La Cabaña es el primer libro en que participo como ilustradora.
Definitivamente no se quedará ahí. Y ya hay más que planes para la siguiente colaboración Victor-Vlad.


¿Por qué te decidiste a emplear la técnica de acuarela con tonos de grises para este libro?

La Cabaña presenta un ambiente misterioso, frío y lúgubre. Los escritos de Adolescente y Hombre inmediatamente remontan a una película en blanco y negro.
Todo el texto grita escala de grises y es genial, porque lo dota de un sentimiento más profundo y real. También, quise acentuar los contrastes de la fuerte personalidad de Víctor, elemento básico del libro entero, reflejado en tonos negros y la esperanza a trocitos en los blancos.
Aparte, cuando tengan la versión en físico en su mano, notarán que únicamente la mítica hoguera posee color.


Ya por último… Como lectora e ilustradora de La cabaña, ¿Qué les dirías a aquellos que andan dudosos, pero albergan interés por adquirir esta novela?

Mi género de novelas preferidas es el romance sobrenatural, fantasía y ciencia ficción. Soy de esas personas que difícilmente se salen de lo cotidiano para probar algo más y, cuando conocí La Cabaña, no tenía ni la más mínima pista de qué era.
Lo único que puedo decir es que esta novela atrapa desde las primeras páginas, sus personajes se plantean tan reales y todo está narrado de forma que sientes que el autor te cuenta su historia durante una tarde lluviosa (en blanco y negro) mientras compartes un café humeante y pan dulce.
Es un libro que, si te dejas llevar por sus letras, te hace llorar, a veces de tristeza o desesperación, frustración… hasta que terminas deseando más que nada en el mundo que sus personajes encuentren la felicidad.








Como guinda a la presentación de Vlad, adjunto su reseña de la primera edición de La cabaña, antes de que el torbellino de novedades rodease la obra para ir dando forma al relanzamiento que nos ocupa.

“La cabaña es una historia realmente interesante y compleja, tanto como la misma naturaleza humana.
Me ha encantado la sinceridad y transparencia con la que el autor narra esta obra cargada de un torbellino de emociones y pensamientos, ideas, teorías... y un análisis profundo sobre el mundo exterior desde una percepción inherente a la propia situación personal mezclada con los efectos del trastorno bipolar y el impacto que este tiene en sus relaciones con su ambiente y con su propia identidad.
El lenguaje me ha parecido un poco recargado al inicio, el uso de figuras retóricas sube la complejidad de la narración, haciendo la lectura más tardada, pero rápidamente comienzas a entender y asimilar el estilo del autor. 
La cabaña es una novela altamente recomendada, sin embargo, creo que no es una lectura para todo público dado el tema y la importancia de cada aspecto tratado en ella.”


Eso es todo por ahora en cuanto a esta segunda aproximación al relanzamiento.
Recordad que en el mes de Junio la novela verá la luz, tanto en digital como en papel.
Aunque no estaréis solos en el camino.

Un universo en palabras seguirá acercándoos a esta revisión de La cabaña, con todas las muchas curiosidades que queden en el tintero.




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