Me encuentro con los pies firmes sobre la tabla. Una ola de generoso tamaño impulsa mi marcha. En mi interior, una olla a presión exhala por donde puede una vaga promesa de lo que en realidad alberga en su interior. Fuera, sin embargo, lo que se ve es una radiante sonrisa que parece conquistarlo todo. El día es soleado y me encuentro en un entorno paradisíaco. Donde casi me comen los tiburones en el pasado, cierto, pero no por ello la salvaje visión de los bosques de posibilidades que aguardan en la orilla pierde ápice de belleza. No obstante me he decidido a apurar lo que resta de jornada en surfear algunas olas más. La hipomanía bipolar es, cuanto menos, garantía de un alto nivel de actividad. Luego de uno dependerá en qué se emplee el tiempo y la elevada cantidad de recursos que nuestra mente nos pone sobre la mesa. No hace demasiados años que me imaginaba dialogando con un mar embravecido, que rugía a través de una espesa niebla mezclada con la es...